El país de la cola de paja (fragmento)Mario Benedetti

El país de la cola de paja (fragmento)

"Las dudas del obligado dadivoso rara vez tienen que ver con los principios morales: se limitan a preguntarse si el empleado en cuestión será de los que agarran o de los quisquillosos. Quisquilloso es aquí un mero sinónimo de decente, pero de todos modos es una categoría que más bien está ligada a la incómoda sensación de quedar en blanco, de hacer el ridículo, de quedar mal. El que está dispuesto a otorgar una coima, siempre prefiere que se la acepten. El rechazo podría provocarle un verdadero choque, que acaso le llevara a una revisión general de los valores que da por admitidos. En consecuencia, mejor es que todo siga como está. Hay veces en que la corrupción se vuelve tan escandalosa, que es necesario camuflarla con una parodia de escarmiento. Pero en esos casos, siempre cae el pez chico; el pez grande es, por lo general, de los que reclaman a voz en cuello un castigo que aplaste a los venales.
Claro que, para lo lícito y para lo ilícito, es decir, para asentar lo primero y disimular lo segundo, está la institución típicamente democrática: la muñeca. Para la muñeca no hay ventaja previa, no hay discriminación. Puede usarla un blanco, un pardo o un negro; un nacionalista, un colorado y hasta un comunista; un católico o un judío; un punguista o un diputado. La muñeca está al alcance de todos: basta con establecer el contacto con el influyente. Este puede ser un jerarca, pero también un amigo del jerarca, o (sólo para demostrar la notable amplitud del área democrática) el peluquero o el sastre del amigo del jerarca.
Sólo cuando se establece el contacto y el influyente actúa, sólo entonces se ejerce la discriminación, y, gracias a la muñeca, el beneficiario de la misma obtiene un ascenso claramente injusto, o una remuneración extra, o un tratamiento especial, o una beca absurda. Tener una buena muñeca es inconmensurablemente más ventajoso que exhibir un pasado de empecinada honestidad y probada eficiencia.
Esta rebelión de los amanuenses no honra ciertamente al país; ni excusa a los jerarcas, ni disculpa a los rebeldes. Más bien trae consigo un desaliento en primer término porque se trata de una actitud que esta seduciendo a la gente joven, y ese carácter la hace aún más desgraciada, y luego, porque insensiblemente está dejando de ser una pequeña miseria individual, una mera cicatriz desagradable y aislada, para transformarse en un rasgo colectivo, en una especie de gen moral que en un cercano futuro será trasmitido de generación en generación, sin que su existencia llegue a provocar ese mínimo escozor alérgico que todavía hoy se siente en la conciencia. "



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