El águila y la serpiente (fragmento)Martín Luis Guzmán

El águila y la serpiente (fragmento)

"Largos meses de estancia en Chihuahua se tradujeron para mí en un gradual alejamiento —gradual y voluntario— de la facción que iba formándose en torno de Carranza y sus incondicionales. La facción opuesta —rebelde dentro de la rebeldía: descontentadiza, libérrima— representaba un sentido de la Revolución con el cual me sentía más espontáneamente en contacto. En este segundo núcleo se agrupaban ya, por mera selección simpática, Maytorena, Cabral, Ángeles, Escudero, Díaz Lombardo, Silva, Vasconcelos, Puente, Malváez y todos aquellos que aspiraban a conservar a la Revolución su carácter democrático e impersonal —anticaudillesco—, para que a la vuelta de dos o tres años no viniera a convertirse en simple instrumento de otra oligarquía, ésta quizá más ignorante e infecunda que la porfirista. Ciertamente, yo no veía cómo daríamos cima a tamaña empresa; aquello me parecía más bien dificilísimo, improbable: tan improbable para obrar de un pequeño grupo, así estuviere resuelto a luchar hasta lo último contra todos los personalismos ambiciosos y corruptores, cuanto fácil hubiera sido como empeño instintivo de una unanimidad revolucionaria bien ordenada. Pero también era verdad que ya había yo percibido en Sonora, con evidencia perfecta, que la Revolución iba, bajo la jefatura de Carranza, al caudillaje mas sin rienda ni freno. Y esto me bastaba para buscar la salvación por cualquiera otra parte.
El simple hecho de que todo el grupo enemigo de Carranza se acogiese al arrimo militar de Villa podía interpretarse ya, si no como el anuncio de nuestra derrota futura, sí como la expresión del conflicto interno que amenazaba al impulso revolucionario en sus más nobles aspiraciones. Porque Villa era inconcebible como bandera de un movimiento purificador o regenerador, y aun como fuerza bruta se acumulaban en él tales defectos, que su contacto suponía mayores dificultades y riesgos que el del más inflamable de los explosivos. Mas siendo eso cierto, también lo era que sólo los elementos militares dominados por él quedaban disponibles para venir en auxilio de nuestras ideas. El otro gran ganador de batallas, Obregón (Ángeles, sin tropas propiamente suyas, sumaba su destino al de Villa), se desviaba por la senda del nuevo caudillismo. De modo que, para nosotros, el futuro movimiento constitucionalista se compendiaba en esta interrogación enorme: ¿sería domeñable Villa, Villa que parecía inconsciente hasta para ambicionar?, ¿subordinaría su fuerza arrolladora a la salvación de principios para él acaso inexistentes o incomprensibles?
Porque tal era el dilema: o Villa se somete, aun no comprendiéndola, a la idea de la Revolución, y entonces él y la verdadera revolución vencen, o Villa no sigue sino sus instintos ciegos, y entonces, él y la Revolución fracasan. Y en torno de ese dilema iba a girar el torbellino revolucionario en la hora del triunfo. "



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