Las tribulaciones de un chino en China (fragmento)Jules Verne

Las tribulaciones de un chino en China (fragmento)

"Renunciamos a describir la rabia sorda e impotente de Sun, convertido en caballo, porque el lector debe suponerla. Sin embargo, Craig y Fry consintieron en relevarlo con frecuencia, y, por fortuna, el viento del sur, ayudándolos constantemente, realizó las tres cuartas partes del trabajo.
Como la carretilla, dada la posición de la rueda central, estaba bien equilibrada, el trabajo el conductor quedaba reducido al del timonero de un buque, cuya única faena es mantenerlo en buena dirección.
Y, caminando a pie cuando quería estirar las piernas, y tendido en el vehículo cuando deseaba ir reposado, atravesó Kin-Fo con semejante tren las provincias septentrionales de China.
Sin entrar en Huaan-Fu ni el Kaifeng, subió por las orillas del célebre Canal Imperial, que apenas hacía veinte años, cuando el río Amarillo no había recobrado aún su antiguo lecho, formaba una hermosa vía navegable desde Su-Tcheu, el país del té, hasta Pekín, con una longitud de algunos centenares de leguas.
En la misma guisa, atravesó Tsinan y Ho-Kien; penetró en la provincia de Pe-Chi-Li, donde se encuentra Pekín, la cuádruple capital del Celeste Imperio, y pasó por Tien-Tsin, defendida por una muralla de circunvalación y dos fuertes.
Tien-Tsin es una gran ciudad, que cuenta con una población de cuatrocientos mil habitantes, está dotada de un ancho puerto, formado por la unión del Pei-ho y del Canal Imperial, y es un importante centro comercial que importa algodones de Manchester, tejidos de lana, cobre, hierro, fósforos alemanes, maderas de sándalo y otros productos extranjeros y exporta nenúfar, tabaco de Tartaria, etc., ascendiendo a ciento sesenta millones el importe anual de sus transacciones.
Ni siquiera se le ocurrió a Kin-Fo visitar en esta famosa ciudad, la famosa pagoda de los suplicios infernales, ni recorrió las alegres calles de las Linternas y de la Ropa Vieja, del barrio del Este; ni se desayunó en el restaurante de la Armonía y de la Amistad, cuyo propietario, el musulmán Leu-Lao-Ki, guarda en sus bodegas vinos famosísimos a pesar de los preceptos de Mahoma; ni dejó su gran tarjeta roja -ya se sabe por qué causa- en el palacio de Li-Tchong-Tang, virrey de la provincia desde 1870, miembro del Consejo Privado e individuo del Consejo del Imperio, que usa túnica amarilla y el título de Fei-Tze-Chao-Pao.
No; Kin-Fo en su carretilla y Sun enganchado a ella, atravesaron los muelles, donde había verdaderas montañas de sacos de sal, y pasaron los arrabales, las concesiones inglesa y americana, el campo de carreras, la campiña cubierta de zahína, de cebada, de ajonjolí y de vides, las huertas, ricas en legumbres y frutas, y las llanuras por las que corrían a millares las liebres, y de donde partían las perdices y otras piezas de caza, perseguidas por el halcón, el esmerejón y el aguilucho.
Los cuatro viajeros siguieron el camino enlosado, de veinticuatro leguas de largo, que conduce a Pekín, entre los árboles de variadas especies y los espesos cañaverales del río, y llegaron sanos y salvos a Tong-Cheu.
Kin-Fo continuaba valiendo 200.000 dólares, y Craig y Fry lo guardaban con el mismo cuidado que al principio del viaje. El único que había sufrido en esta penosa correría era Sun, que se encontraba rendido de cansancio, cojo, impedido de ambas piernas y con sólo tres pulgadas de coleta.
Era el 19 de junio, y el plazo concedido a Wang para que diese muerte a Kin-Fo expiraba siete días después.
Pero, ¿dónde estaba Wang? "



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