Persona (fragmento)Ingmar Bergman

Persona (fragmento)

"Y en todo momento tenía allí a mi lado a Katarina, sus pechos pequeños y sus muslos gruesos y el vello abundante de su pubis. Katarina no se movía lo más mínimo y soltaba una risita de vez en cuando. Vi que los chicos se aproximaban. Ahora ya sin el menor reparo. Nos observaban sin intención alguna de esconderse. Los dos eran muy jóvenes, unos dieciséis años, pensé.
Alma enciende un cigarrillo. Le tiembla la mano y aspira el humo ansiosamente. Elisabet Vogler se mantiene estática, casi anulada, niega con la cabeza cuando Alma le ofrece un cigarrillo.
—Uno de los chicos, el más atrevido, se nos acercó y se acuclilló al lado de Katarina. Iba descalzo y fingió entretenerse con su propio pie, quitándose la arena de entre los dedos. Yo empecé a sentirme totalmente mojada, pero me quedé inmóvil boca abajo, con las manos bajo la cara y la pamela sobre la cabeza. Entonces le oí decir a Katarina: «¿No vas a venir aquí un rato?». Y le cogió la mano al chico, lo atrajo hacia sí y le ayudó a quitarse los vaqueros y la camisa.
De pronto, lo vi encima de ella, que lo iba guiando con las dos manos sobre sus nalgas fibrosas y prietas. El otro chico estaba en la pendiente, mirando. Katarina reía y le susurraba al chico al oído. Yo tenía su cara roja y como hinchada casi pegada a la mía. Entonces me di la vuelta y le pregunté: «¿Y por qué no vienes conmigo también?». Katarina se echó a reír y dijo: «Ahora con ella». Así que él se salió de ella y cayó sobre mí pesadamente y me agarró un pecho tan fuerte que se me escapó una queja, porque me hizo daño y yo estaba prácticamente lista, no sé cómo, y me vino casi enseguida, ¿te imaginas? Estaba a punto de decirle ten cuidado, no sea que me quede embarazada cuando se corrió y supe que jamás lo había sentido así en toda mi vida, ni antes ni después, sentí cómo inyectaba su semen dentro de mí. Él se agarraba a mis hombros y se echó hacia atrás y tuve la sensación de que no iba a acabar nunca. Era una cosa ardiente, muy ardiente, que venía una y otra vez. Katarina estaba tumbada de costado y nos miraba y le tenía cogido el escroto por detrás y, cuando él terminó conmigo, ella se lo hizo con la mano de él. Y cuando se corrió, lanzó un grito penetrante. Entonces nos echamos a reír los tres y llamamos al otro chico, Peter. Él bajó despacio por la cuesta, totalmente desconcertado y parecía tener frío, a pesar del sol. No tendría más de trece o catorce años, comprendimos al verlo de cerca. Katarina le desabotonó los pantalones y empezó a jugar con él, y él se quedó sentado, muy serio y muy quieto, mientras ella lo acariciaba hasta que se derramó en la boca de Katarina. El chico empezó a besarle la espalda, ella se volvió hacia él, le cogió la cabeza y le ofreció su pecho. El otro chico se excitó tanto que él y yo empezamos otra vez. Fue muy rápido y tan bueno como la vez anterior. Luego nos bañamos y después nos despedimos. Cuando llegué a casa, Karl-Henrik ya había vuelto de la ciudad. Cenamos y bebimos del vino que había comprado en el centro. Luego nos acostamos. Nunca lo hicimos igual de bien, ni antes ni después.
Ha caído la noche. La lluvia y la tormenta han cesado. Las olas se mecen allá abajo, en la playa rocosa. Por lo demás, silencio. El faro está encendido y hace girar su brazo de luz sobre el páramo. "



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