Ávidas pretensiones (fragmento)Fernando Aramburu

Ávidas pretensiones (fragmento)

"La arena del sendero guardaba un resto del calor de la jornada. Un roce casual de la mejilla lo puso sobre aviso. Apoyada la cara en el suelo, experimentó una sensación de almohada antes de hundir las manos en aquella materia granulosa y tibia que ni siquiera de cerca podía ver. Se revolcó, imitador de morsas, pesadamente, convencido de que tapando la mierda con arena el mal olor sería más o menos neutralizado. Ingenuo.
Sin el menor estilo de atleta se levantó agarrándose a piedras y matojos. No bien se hubo puesto de pie se sintió mejor. Como que ya no le dolía el vientre (bueno, un poco) y podía respirar con bastante normalidad. El ano seguía escociéndole; pero ¡qué pequeña molestia en comparación con todo lo que había sufrido!
Percibió un aroma. ¿A tomillo? Ni idea. Él era de ciudad. De botánica lo único que le interesaba eran ciertos nombres eufónicos para ornar el verso. Y emprendió la bajada del monte sin saber dónde pisaba. Despacio, inseguro, los brazos extendidos hacia delante (parecía un sonámbulo de tebeo) en previsión de ramas u otros obstáculos mayores. Al cabo de un corto rato se percató de que se había salido del sendero. Se hace camino al andar. Crujían palos resecos bajo la suela de sus mocasines. ¿O reventaba escorpiones? Se lastimaba las piernas con las jodidas plantas espinosas. ¿Habría víboras por aquellos andurriales? Aquel, desde luego, no era el momento oportuno de embelesarse con el paisaje. Le bastaba comprobar que lo importante se cumplía: los focos del centro de estudios estaban cada vez más cerca. Y, con ellos, su habitación, la ducha, la cama. El paraíso tan próximo y tan difícil de alcanzar. Se resarció profiriendo juramentos (en casa del poeta, cuchara de prosa), pues necesitaba a todo trance una prueba de que estaba recobrando las fuerzas en la noche menos poética de su vida. "



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