Los hombres, relato de Dios (fragmento)Edward Schillebeeckx

Los hombres, relato de Dios (fragmento)

"En la tradición cristiana la muerte de Jesús se convirtió en un tema central, aunque en el nuevo testamento hay toda una serie de niveles muy antiguos en los que no se da ninguna interpretación de fe de la muerte en cruz de Jesús. Sin embargo, cabe decir que la proclamación cristiana de la significación salvadora de la muerte de Jesús en la cruz se retrotrae al tenor fundamental de la propia predicación de Jesús. Jesús se había opuesto a la idea de un mesías en triunfo. Sólo redefiniendo mesías, ungido, puede aplicársele a Jesús este título.
La muerte de Jesús en cruz trasforma el concepto de mesías:
Jesús, el crucificado y rechazado, es el mesías. Como Dios,
Jesús se identifica a sí mismo preferentemente con los expulsados y rechazados, con lo no santo, de tal modo que, al final, también él mismo es el rechazado y expulsado. Esta identificación es radical. Hay así continuidad entre el itinerario vital de Jesús y su muerte, y por esta continuidad halla su culminación el significado salvífico de Jesús en la muerte en cruz, y no en la muerte en cruz tomada aisladamente por sí misma.
De acuerdo con la perspectiva cristiana, Dios se ha revelado en Jesús por y en el no divino ser-hombre de Jesús. Pero esto se ha interpretado en el cristianismo de formas bien distintas. Sobre todo dentro del esquema de las «dos naturalezas» del papa León Magno, se ha llegado con frecuencia a una especie de cristología paradójica, entre el extremo de lo humano y el extremo de lo divino, pasando por alto el relato de los evangelios tal como es. En estas teologías de la redención lo que muchas veces había era una dialéctica abstracta entre «humanidad débil» (forma servi, la figura de un esclavo) y el Dios todopoderoso (forma Dei), en una concepción ahistórica. Esta concepción olvida la decisión y la opción soberanamente libres de Jesús, que rehúsa toda ideología del poder y, así, rechaza resueltamente cualquier imputación a sí mismo del título judío de «mesías». Jesús no es condenado porque, en cuanto hombre, haya tenido pretensiones divinas, y tampoco por su humanidad débil. De todos los relatos evangélicos resulta que fue condenado por su opción vital humana soberanamente libre, subversiva para todos los que detentan o pretenden el poder. La autoridad con que se presentó fue un desafío y le llevó al proceso y la condena: su conducta obligó a los poderosos a quitarse sus máscaras. Desenmascaró los efectos perversos de cierto celo por la «causa de Dios» en perjuicio de la «causa del hombre». En definitiva, la lúcida opción de Jesús fue rehusar toda ideología mesiánica, que, por un lado, libera a los oprimidos, pero, por el otro, aniquila sin piedad a todos los opresores; siendo así que éste era el «modelo apocalíptico» que regía entonces universalmente. "



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