Vacaciones a toda costa (fragmento)Pierre Daninos

Vacaciones a toda costa (fragmento)

"Cada uno se consuela con lo que puede. La se­ñora Pintard dice que en sus tiempos los veranos eran verdaderos veranos y los inviernos verdade­ros inviernos.
—Y eso ha cambiado mucho — agrega —. Como lo demás.
Pregúntase entonces el profesor si cree que las explosiones atómicas pueden o no, trastornar las condiciones atmosféricas. Y, si se me permite, de ahí se pasa a tratar de los W.C. En este hotel, fiel todavía al sistema de los conmutadores que no encienden la luz del lavabo más que extinguien­do la del techo, las comodidades privadas son ex­cepcionales. Por la mañana, cada piso es el esce­nario de múltiples luchas secretas para la anexión del reducto. Allí, como en todas partes, hay gentes afortunadas y también quienes acuden sin éxito cinco veces al mismo sitio. Por la tarde, pues, se transmiten opiniones, vituperando a los lentos, o los clínicos, o los desahogados y, sobre todo, a los que leen en el retrete.
—Yo — dijo ayer la señora Pintard — siempre bajo al del primer piso, donde suele haber me­nos gente. Pero la señorita Tierce le dio nuevas ideas indicándole en voz baja:
—Yo procuro ir siempre después del 26, que por lo menos, fuma cigarrillos ingleses.
En este Schweizerhof de montaña hay...
Hay primero los reyes del hotel, que son los que estuvieron presentes cuando se produjo el gran drama de los Alpes y lo vieron todo por cin­cuenta céntimos (suizos) a través de un anteojo. Todo, en efecto; la caída, el hombre suspendido de la cuerda sobre el vacío, el cuerpo balanceán­dose durante dos días y dos noches al borde de la escarpada pared de roca... Y cada día se cuenta la tragedia a los que llegan después. Algunos insis­ten en los pormenores macabros.
«¿Notó usted alguna diferencia en él cuando murió? ¿Antes de ello se debatía y forcejeaba?»
Luego dan respetuosamente las gracias a los que testifican lo que sucedió. Ellos, al menos, han tenido unas vacaciones memorables. Una dama re­procha a su marido:
—¿Oyes, Arturo? Si no hubiésemos ido a la Jungfrau cuando llovía, lo habríamos visto todo.
—Prefiero no haberlo visto — responde Arturo.
Tras de lo cual, y observando a lo lejos otra cuerda, se apresura a monopolizar el anteojo. Nun­ca se sabe...
En las paredes de los cuartos de baño hay cajas de caudales, cuyas llaves puede uno tomar y...en las que se lee «Compañía Suiza de Ahorros». Junto a la entrada de los principales sitios, un «Regla­mento de Policía» anuncia: «De acuerdo con los reglamentos concernientes a las costumbres, la policía invita a nuestros visitantes a recorrer las calles próximas a la estación con atavíos correc­tos y apropiados.» Y en los lavabos del piso bajo, en el lado correspondientes a los «Herrén», se distingue una soberbia placa de esmalte negro y blanco. "



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