L´anno della valanga (fragmento)Giovanni Orelli

L´anno della valanga (fragmento)

"Mariangela es cada día más bella, ni siquiera el más crudo invierno pueda hacer mella en su esplendente juventud. Me he dado cuenta de que se suele quedar mirándome mientras me afeito. Los demás se han marchado ya a la iglesia para rezar el Santo Rosario. Sé que no soy el único que ellos quieren. Realizo todos mis actos con extrema lentitud hasta que por fin se decide a acudir al teléfono que está situado en el pasillo, no demasiado lejos de mí. Habla en voz baja, pero sobre todo escucha porque él siempre habla. ¿Acaso sabría que decir si yo no estuviera aquí? ¿Qué podía decirle a Linda? De cualquier modo, aunque siga nevando, los demás están en la iglesia. A veces desearía poder comunicarme con mis manos para tratar de lograr...Con sorda tenacidad, se sentía desesperada por un compañero poco hábil que apenas le había escrito cuatro palabras, siempre las mismas palabras, desde el internado de su pueblo. No puedo regresar a casa, no quiero volver a casa. Desearía poder repetir sólo dos palabras hasta la infinitud, sin cambio alguno, sin que cesara el latido de un corazón ahíto de amor y nostalgia.
Me pareció que ya no podía oír a Mariangela, pero de repente pude distinguir el sonido de una boca silente ante el teléfono, el sonido de un felino hambriento de amor -como el maullido de un gato que quiere estrujarse contra tus piernas-, ¿el mismo sonido que me recordaba a Linda emitido por un extraño? ¡Sonaba así para un extraño! Y yo que había llegado a pensar que era un aguinaldo únicamente destinado a mí, un tesoro irrepetible como su voz. Pero al parecer todas las mujeres comparten esa ligera arma. ¡Siempre había creído sinceramente en la singularidad irrepetible de nuestros gestos compartidos! Cuando pienso en mi abuela, la veo como me la representó mi propia madre, sentada en la Misa, con la cabeza apoyada en su mano, evocando las manos de su marido, exactamente iguales a las suyas. A causa de estas palabras tienden a plegarse en estrecha unión -del mismo modo que la muñeca y los oscilantes dedos. ¿Acaso mi cabeza ante el espejo no proyecta la misma forma ovalada? ¿Acaso soy el vivo injerto de la calavera de mis antepasados? Todas estas excepciones a los gestos irrepetibles y a las emociones de los rostros pueden ser hallados en ascendencia vertical a través de las generaciones, junto con las omisiones propias de muchos miembros de la sucesión genealógica; y de forma inefable, cabe el gozo inefable de sentirse como una nueva persona que supervive un poco a través de los hijos de nuestros hijos. Mi padre lo llama «rifogliare», lo anterior, y no «rifigliare», tener descendencia. Pero ahora la deliciosa reputación de Linda, mi gatita, se vierte en los ósculos de Mariangela, en los besos de todas las lujuriosas mujeres del mundo. "



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