Memoria y destino del Perú (fragmento)Jorge Basadre

Memoria y destino del Perú (fragmento)

"En 1930 cayó Leguía como consecuencia de la depresión mundial y de la imposibilidad de nuevos empréstitos; al mismo tiempo, circunstancias de orden personal que los historiadores médicos del futuro sin duda superestimarán, y aun hasta las propias rivalidades dentro del mismo régimen, ya gastado después de once años, contribuyeron a ese hecho. Leguía, el gobernante propulsor como Balta de vastas obras públicas, en mayor escala y dentro de diferentes circunstancias por cierto, pero homenajeado más de lo que lo fueron San Martín y Bolívar, fue depuesto sin lucha, vio desmoronarse en unos cuantos días su régimen y llegó a ser conducido a una cárcel donde se le trató bochornosamente para morir allí con cristiana resignación.
Todo lo que había estado identificado con él se derrumbó: parlamento, sistema electoral, administración local, organización universitaria, hasta parte del Poder Judicial. Sólo quedaron en pie el ejército, una ciudadanía exultante, entregada primero a desbordes tumultuarios, víctima luego de la desorientación y más tarde del atolondramiento.
Interesante resulta una comparación, por sumaria que sea, entre el Perú de las últimas dos décadas y algunos de los países vecinos. En Chile irrumpió hacia 1918 una oleada populista bajo la fascinación de un gran conductor de masas -Alessandri- para luego generar un autoritarismo militar preocupado por el progreso material, a cuya caída, coincidente con la crisis del año 30, siguió una etapa de inestabilidad social y política, para retoñar el dominio conservador bajo el mismo Alessandri, reemplazado luego pacíficamente por una coalición de partidos de izquierda y centro, el Frente Popular. Argentina presenció poco antes que Chile el ocaso del antiguo régimen, con la llegada del partido radical al poder en 1916; pero este partido corrió en 1930 la suerte de su ídolo Irigoyen, derribado por una restauración conservadora aún predominante. El partido liberal de Bolivia, similar al civil del Perú, cayó al iniciarse la década de los 20, cuando Saavedra llegó al poder con el partido republicano; Saavedra también siguió una política de empréstitos, de progreso material y de mano dura con la oposición pero fue su sucesor, Siles, quien sufrió el vendaval del 30 para dar paso a una corta era de elementos civiles ilustrados, tras los que emergieron los militares jóvenes de la guerra del Chaco. En cambio, en Colombia, sólo en 1930 se produjo la caída del partido conservador para ser sucedido por su rival histórico, el partido liberal, hasta la fecha.
Lo ocurrido en el Perú en 1919 se parece, pues, a lo ocurrido en Argentina en 1916, en Chile en 1918, en Bolivia en 1920, en Colombia en 1930. Leguía, Ibáñez y el binomio Saavedra-Siles presentan algunas semejanzas entre sí y una que otra con
Irigoyen. Lo ocurrido en el Perú en 1930 se parece también a lo ocurrido en Argentina y Bolivia ese mismo año y en Chile en 1931. Pero después de 1930 no hubo en el Perú una sólida restauración conservadora lisa y llana como en Argentina; ni, como en Chile, una restauración conservadora fugaz con el prohombre demagógico de años antes para producir luego sin tragedias una transición hacia el Frente Popular mediante la continuidad y coherencia de las agrupaciones políticas, ni un pacífico vuelco al liberalismo como en Colombia por un fenómeno de partidos similar aunque mucho más sencillo que el de Chile; ni, como en Bolivia, surgió el impacto de una guerra exterior.
Injertado en la vida política un movimiento con la organización peculiar de los partidos de la postguerra y a base de radicales reivindicaciones sociales -el Apra-, las luchas políticas entre 1930 y 1939 -cuyo estudio no es posible hacer aquí, desgraciadamente- giraron alrededor de este dilema: ¿"capturaría" el Apra el poder o no? Esa pregunta explica muchos hechos, muchas leyes y hasta muchas actitudes personales en el orden interno e internacional (ante la revolución española, el fascismo, Estados Unidos, etc.). El miedo y el odio orientaron varias veces al país y generaron más de un episodio luctuoso o condenable. "



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