Housekeeping (fragmento)Marilynne Robinson

Housekeeping (fragmento)

"El bosque nos inquietaba. Nos gustaban los pequeños claros, los espacios despejados donde crecían fresas silvestres. Los ranúnculos son la materialización de la luz amarilla y húmeda que ilumina esos rincones. (En esas montañas, los ranúnculos son raros y delicados, de flores brillantes, satinadas e inmensas en tallos cortos. La gente los arranca con las raíces, con la tierra y todo, y se los lleva a casa como trofeos. Los periódicos dan premios a los más tempranos. En los jardines, perecen.) Pero las profundidades del bosque son tan oscuras y severas, y están tan saturadas de sus propios aromas, como el salón de una casa antigua. Caminábamos entre aquellas inmensas piernas, oyendo subyugadas los murmullos incesantes muy por encima de nuestras cabezas, como niños en un funeral.
Nosotras —al recordarlo no me cuesta hablar de Lucille y de mí misma casi como si fuéramos una única conciencia a lo largo de aquel verano, por más que muy a menudo ella estuviera nerviosa y taciturna—, nosotras siempre nos quedábamos en el bosque hasta el anochecer, y cuando no hacía un frío gélido nos demorábamos en la orilla arrojando piedras al agua hasta que oscurecía del todo. A veces nos marchábamos cuando olíamos la cena de los vagabundos —que hedía un poco a pescado, otro poco a goma y otro poco a óxido—, pero no eran los placeres de la cena hogareña los que nos llevaban de regreso a la casa de Sylvie. Digamos que era más bien el frío lo que me empujaba a volver y que la oscuridad permitía que Lucille pasara por la periferia de casas dispersas de Fingerbone sin ser vista. Porque la verdad es que Lucille iba al bosque conmigo para evitar que la vieran. Yo misma percibía la mirada del mundo como un espejo deformante que a ella la aplastaba, engordándola, y a mí me alargaba, estrechándome. También yo creía que era mejor alejarse de unos chistes tantas veces y tan groseramente repetidos. Pero yo iba al bosque por el bosque mismo, mientras, cada vez más, Lucille parecía tomárselo como quien soportaba un destierro. "



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