En la corte del lobo (fragmento)Hilary Mantel

En la corte del lobo (fragmento)

"El registro de una hora no dio ningún resultado; así que estáis seguro, John, dijo el canciller, de que no tenéis ningún libro nuevo, porque a mí me han informado de que los tenéis (y Tyndale allí plantado como una mancha venenosa en los mosaicos). No sé quién puede haberos informado, dijo John Petyt. Me sentí orgullosa de él, dice Lucy, tendiendo el vaso para que le sirvan más vino, me sentí orgullosa de lo que dijo. Y Moro dijo: es verdad, no he encontrado nada hoy, pero tenéis que acompañar a estos hombres. Señor teniente, ¿queréis haceros cargo de él?
John Petyt no es un hombre joven. Por instrucciones de Moro duerme en un colchoncillo de paja tirado sobre las losas. Sólo se han permitido visitas para que cuenten a sus vecinos lo enfermo que parece.
—Hemos enviado alimentos y ropas de abrigo —dice Lucy—. Y los han rechazado por orden del Lord Canciller.
—Hay una tarifa para propinas a los carceleros. ¿Necesitáis dinero en efectivo?
—Si lo necesitase acudiría a vos —deja el vaso en su escritorio—. No puede encerrarnos a todos.
—Tiene suficientes prisiones.
—Para los cuerpos, sí; pero ¿qué son los cuerpos? Puede llevarse nuestros bienes, pero Dios nos hará prosperar. Puede encerrar a los libreros, pero seguirá habiendo libros. Tienen sus viejos huesos, sus santos de cristal en las ventanas, sus velas, sus altares, pero Dios nos ha dado la imprenta. —Le brillan las mejillas; baja la vista hacia los dibujos de su escritorio—. ¿Qué es esto, señor Cromwell?
—Los planos de mi jardín. Espero poder comprar algunas casas de la parte de atrás. Quiero el terreno.
—Un jardín —dice ella, y sonríe—. Es lo primero agradable que oigo en mucho tiempo.
—Espero que podáis venir con John a disfrutar de él.
—¿Y esto?... ¿Vais a hacer que os construyan una pista de jeu de paume?
—Si consigo el terreno... Y aquí, mirad, me propongo plantar un huerto de frutales.
A ella se le llenan los ojos de lágrimas.
—Hablad con el rey. Contamos con vos.
Él oye pasos. De Johane. Lucy se lleva una mano a la boca.
—Dios me perdone... Por un momento creí que erais vuestra hermana.
—Es un error que se comete —dice Johane—. Y a veces persiste. Lamento mucho saber que vuestro marido está en la Torre, señora Petyt. Pero os lo habéis buscado. Fuisteis los primeros que calumniasteis al difunto cardenal. Supongo que ahora querríais que volviera.
Lucy se marcha sin añadir una palabra. Sólo lanza una larga mirada por encima del hombro. Oye a Mercy saludarla fuera. De ella recibirá algunas palabras fraternales. Johane se acerca al fuego y se calienta las manos. "



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