Hacer el amor (fragmento)Jean-Philippe Toussaint

Hacer el amor (fragmento)

"Y disfrutando de mi perspectiva excepcional sobre la ciudad, deseé con todas mis fuerzas que llegara ese terremoto tan temido, que sobreviniera al instante, en aquel preciso segundo, y que lo hiciera desaparecer todo allí mismo, ante mis ojos, reduciendo Tokio a cenizas, ruinas y desolación, acabando con la ciudad y con mi cansancio, el tiempo y mis amores muertos.
[...]
Y a pesar de mi inmenso cansancio esperaba que no amaneciera en Tokio ese día, que no amaneciera nunca más y que el tiempo se detuviera en ese momento, en aquel restaurante de Shinjuku donde nos sentíamos tan bien, cálidamente envueltos en la ilusoria protección de la noche, porque sabía que la llegada del día traería consigo la prueba de que el tiempo pasaba, irremediable y destructor, y que había pasado sobre nuestro amor.
[...]
La vejez es uno de los estados más difíciles de asociar con uno mismo, o al menos –ya que yo no era aún realmente viejo, iba a cumplir cuarenta años dentro de unos meses– el final incontestable de las características de la juventud legibles en los rasgos de la propia cara. "



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