La esposa del estudiante (fragmento)Raymond Carver
La esposa del estudiante (fragmento)

"Aunque trataba de no oírla, la respiración de él empezó a hacerle sentirse incómoda. Había en ella un sonido que le brotaba del interior de la nariz. Trató de regular su propia respiración a fin de aspirar y espirar al unísono con él. Pero no sirvió de nada. Aquel sonido nasal hacía que todo fuera inútil. Se dio la vuelta otra vez y pegó el trasero contra el de él, estiró un brazo hacia el borde y puso las yemas de sus dedos con cuidado contra la pared fría. Se habían salido las mantas en el pie de la cama, y cada vez que movía las piernas le entraba corriente de aire. Oyó que dos personas subían las escaleras hacia el apartamento de al lado. Antes de abrir la puerta, una de ellas lanzó una risa gutural. Luego oyó que arrastraban una silla por el suelo. Se dio la vuelta otra vez. Los de al lado accionaron la cisterna del wáter; y luego volvió a sonar. De nuevo se dio la vuelta en la cama, y esta vez se acostó sobre la espalda y trató de relajarse. Recordó un artículo que había leído en una revista: si todos los huesos y músculos y articulaciones del cuerpo consiguieran al mismo tiempo una relajación perfecta, el sueño —casi con seguridad— acabaría por llegar. Aspiró honda, largamente, cerró los ojos y permaneció en una inmovilidad perfecta, con los brazos extendidos a ambos lados. Trató de relajarse. Trató de imaginar que sus piernas se hallaban en suspenso, bañadas como en una bruma. Se acostó sobre el vientre. Cerró los ojos; luego volvió a abrirlos. Pensó en los dedos de la mano que descansaban sobre la sábana, junto a sus labios. Alzó un dedo, y lo bajó hasta la sábana. Se tocó el símbolo de su atadura nupcial con el pulgar. Volvió a ponerse de lado, y después de nuevo boca arriba. Y entonces empezó a sentir miedo y, en un momento insensato de profundo anhelo, se puso a rezar para que le llegara el sueño.
Por favor, Dios, haz que me duerma.
Intentó dormirse. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com