María Zambrano: una pensadora de nuestro tiempo (fragmento)José Luis Abellán

María Zambrano: una pensadora de nuestro tiempo (fragmento)

"Afirmaba Aristóteles que «el ser se dice de muchas maneras»; de la misma forma, podemos decir nosotros que hay muchas maneras de vivir el exilio, y ello por la sencilla razón de que el exilio es una realidad compleja. El exilio puede ser un hecho o suceso que ocurre en nuestra vida, pero es también una realidad trascendente que afecta al ser humano en cuanto tal. A ello dedico buena parte de mi libro sobre «el exilio como constante y como categoría».1 El hecho curioso —y por demás interesante— es que en María Zambrano se dan ambos conjuntamente. Hay en ella una convergencia entre ese incidente biográfico —encontrarse un día en el exilio— y la vivencia del mismo como una realidad trascendental que embarga todo un ser. Sobre este misterioso asunto he meditado lo suficiente para dar algunas claves hermenéuticas.
La primera clave es que en María Zambrano vienen a coincidir —más allá de toda explicación racional— el exilio como vocación y el exilio como destino. Éste, el destino, aparece ya de forma pre-natal en su propia familia, desde que su abuelo, natural de Almería, tuvo que abandonar sus «encinares de siglos»; ella lo describe así: «En él [su abuelo] se había consumado algo, ella lo sabía, lo sintió siempre; una historia terrestre se había terminado. Sus padres habían sido ya “exiliados” en Castilla, donde nadie de la familia había vivido, porque nadie había vivido “sin tierras”. Y había crecido así, sintiendo el destierro y el que había perdido el lazo con la tierra y con la pequeña historia familiar que ha quedado remota, cosa de fábula, de “otros tiempos”; cuando se ha perdido “la fábula”, ¿qué queda sino el pensamiento?. Sí; desde la raíz de su vida la filosofía había sido, “a falta de otra cosa”, la única manera, la solución única de vivir sin esas cosas, sin traicionarlas, de obedecer en esta libertad que deja el no ser nadie en parte alguna, de ser “uno más”».
A ese condicionante del destino pre-natal se va a unir el exilio personal vivido por ella tras la guerra civil —otra imposición del destino—, no sólo como un accidente puntual, sino asumido conscientemente con tal radicalidad que lo convierte en vocación. María Zambrano estuvo abocada hacia el exilio y vocada por él. Una prueba de ello nos lo da su voluntad de desarraigo permanente; habiendo podido quedarse como profesora en varios países, optó por una huida constante, huyendo de un lugar a otro en búsqueda de un propio exilio; es decir, de un exilio que hizo personalmente suyo. Así viene a decírnoslo: «De destierro en destierro, en cada uno de ellos el exiliado va muriendo, desposeyéndose, desenraizándose. Y así se encamina, se reitera su salida del lugar inicial, de su patria y de cada posible patria, dejándose a veces la capa al huir de la seducción de una patria que se le ofrece, corriendo delante de su sombra tentadora; entonces inevitablemente es acusado de eso, de irse, de irse sin tener ni tan siquiera adónde. Pues que de lo que huye el prometido al exilio, marcado ya por él desde antes, es de un dónde, de un lugar que sea el suyo. Y puede quedarse tan sólo allí donde pueda agonizar libremente, ir meciéndose al mar que se revive, estar despierto sólo cuando el amor que le llena se lo permite, en soledad y libertad». "



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