Un año pésimo (fragmento)John Fante

Un año pésimo (fragmento)

"Salimos de Arapahoe doblando hacia el norte, por la calle Doce, en dirección al centro. Dorothy no había abierto aún la boca y parecía contentarse con mirar la calle que tenía ante sí. Encendió un cigarrillo con el mechero del salpicadero y de la calidez íntima de su boca manó una perezosa burbuja de humo fascinante. Su humo. Distinto. Omnipotente.
—Recuerda que has prometido comportarte —dijo Kenny a su hermana. Y a mí—: Le conté lo que me dijiste esta tarde.
Capullo. Me había puesto en evidencia.
—Hablas demasiado —dije.
La mano de Dorothy asió la mía.
—Estoy de acuerdo. —Sentí mis dedos oprimidos por la suave calidez de su guante de cabritilla—. Perdona si estuve antipática —añadió—. Pero es que tú y Kenny sólo habláis de béisbol.
—¿No te gusta el béisbol?
—Puedo vivir sin él.
—¿Y qué te gusta?
—El tenis, el esquí, la lectura. Me encanta James Joyce.
—¿Te refieres a Jim Joyce, el que juega de medio con los Browns de San Luis?
—Dios mío.
Exhaló el humo y apagó el cigarrillo con ademanes de impaciencia. Kenny sonrió.
—Se refiere a Joyce, el escritor.
Yo y mi bocaza. Nunca había oído hablar de aquel tipo. Dorothy se había puesto rígida, con los brazos cruzados y la mirada al frente.
—¡Ah, ése! —dije, esforzándome por ocultar mi ignorancia, aunque fue inútil y me di cuenta de que me consideraba un palurdo. La miré a la cara y vi su mandíbula decidida, los dientes apretados. Me entraron ganas de saltar del coche y ponerme bajo las ruedas. Dorothy no volvió a pronunciar palabra.
—¿Ves ahora lo que te has estado perdiendo? —dijo Kenny—. Una arpía sin adulterar, en estado puro.
Aparcó enfrente del Apollo, al otro lado de la calle. Yo bajé como un rayo, casi como quien huye, y entonces me acordé de que tenía que ofrecer la mano a Dorothy para ayudarla a bajar, pero no me prestó la menor atención y envolviéndose en el abrigo salió disparada hacia el cine, Ken pisándole los talones.
Allí me quedé, helado hasta la sangre, sintiéndome morir e incapaz de moverme. La verja de hierro del juzgado estaba a unos metros y al otro lado había un arbusto de lilas cubierto de nieve. Mi idea era saltar la verja y no dejar de correr hasta llegar a Wyoming. Me encontraba en el estado que no debía con la chica que no debía, temeroso de ella, temeroso de respirar en su presencia. Pero aún quedaba otra salida. Ir hasta la vía del tren y arrojarme delante del cercanías de Greeley, que pasaba a las ocho, arrojarme contra el rastrillo quitapiedras, acabar con las costillas rotas, la cabeza abierta y todo lleno de sangre, joven de Roper se quita la vida, los padres identifican el cadáver de Dominic Molise, el conocido deportista.
—¡Eh, vamos!
Kenny agitaba la mano en la puerta del cine. Crucé la calzada. Dorothy se encontraba bajo la marquesina, dando patadas en el suelo. Yo, lógicamente, no tenía dinero y Kenny se encargó de las entradas. Dorothy me miró fugazmente, fría como una estrella, Kenny volvió de la taquilla y entramos en el local.
El cine estaba casi vacío, había veinte personas a lo sumo. Estaban pasando un noticiario, con imágenes del ex presidente Hoover jugando al golf. Fue abucheado por media docena de espectadores. Nos instalamos en las filas de atrás, donde estaba permitido fumar, Dorothy entre los dos. Se echó hacia atrás el abrigo y quise ayudarla, pero se lo quitó sola, con crispación, reacia a aceptar mi ayuda. El aire se llenó del perfume que brotaba del abrigo abierto. Lo inhalé y di un suspiro. Dorothy se puso un Camel entre los labios y esperó a que se lo encendiéramos. Rebusqué en mis bolsillos con desesperación y aún estaba dando zarpazos cuando se lo encendió Ken. Dorothy soltó una bocanada de humo y se sentó, en espera de que terminase el noticiario. "



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