El hombre de la máscara de hierro (fragmento)Alexandre Dumas

El hombre de la máscara de hierro (fragmento)

"Él no calculó el alcance de sus terribles palabras, o tal vez se propuso ver el efecto que producían.
Ana de Austria estuvo en un tris de caerse desmayada; abrió desmesuradamente los ojos, pero por un instante dejó de ver, y tendió los brazos hacia el duque de Orleans que le dio un beso sin temor de irritar al monarca.
—Sire —murmuró Ana de Austria—, mal, muy mal tratáis a vuestra madre.
—¿En qué os trato mal, señora? —replicó Felipe—. Solo hablo de la señora de Chevreuse. ¿O es que preferís la señora de Chevreuse a la seguridad de mi Estado y a la mía propia? Lo que digo y afirmo es que la señora de Chevreuse ha venido a Francia para pedir prestado dinero, y que se ha dirigido al señor Fouquet para venderle cierto secreto.
—¡Cierto secreto! —exclamó Ana de Austria.
—Relativo a un supuesto robo cometido por el superintendente, lo cual es falso. El señor Fouquet la hizo despedir con indignación, pues prefiere la estimación del rey a toda complicidad con intrigantes. Entonces, la señora de Chevreuse fue y vendió el secreto al señor Colbert, y como es mujer insaciable, y no le bastaba haber arrancado cien mil escudos al intendente, picó más alto para ver si se hacía con mayores recursos… ¿Es o no es verdad lo que digo, señora?
—Todo lo sabéis, Sire —repuso la reina madre, más inquieta que irritada.
—Ya veis, pues, señora —continuó Felipe—, que tengo derecho de mirar con malos ojos a esa harpía que viene a tramar en mi corte la deshonra de unos y la ruina de otros. Si Dios ha permitido que se cometieran ciertos crímenes, y los ha ocultado bajo el manto de su clemencia, yo no admito que la señora de Chevreuse tenga el poder de contrarrestar los designios de Dios.
Tanto esta última parte del discurso de Felipe turbó a la reina madre, que se compadeció de ella, y, tomándole la mano, se la besó con ternura; pero Ana de Austria no advirtió que en aquel beso dado a pesar de las resistencias y los rencores del corazón, iba envuelto el perdón de ocho años de horribles padecimientos. "



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