La banda de los Sacco (fragmento)Andrea Camilleri

La banda de los Sacco (fragmento)

"A Mussolini lo que lo llevó a hacer la feroz campaña antimafia fueron dos motivos: uno personal y otro que tenía que ver con cuestiones vinculadas al control de la economía y de la política. Desde luego, lo que lo había hecho moverse no había sido la voluntad de ayudar a los habitantes de Sicilia ni la de mejorar sus condiciones de vida.
Cuando el fascismo tomó el poder, la mayor parte de la mafia apoyaba a los liberales de Vittorio Emanuele Orlando, quien, en un discurso de 1924 en el Teatro Máximo de Palermo, había llegado a proclamar con orgullo: «¡Yo me declaro mafioso!».
Una minoría, en cambio, se sumó al fascismo. Un oculista de gran fama, Alfredo Cucco, ex nacionalista que decía haberse apartado de la mafia, cuando se convirtió en diputado, llegó a formar parte del restringidísimo Directorio del Partido Nacional Fascista.
En su viaje a Sicilia, que tuvo lugar en 1924, a Mussolini lo avergonzó públicamente un poderoso capo de la mafia, Ciccio Cuccìa —«inefable», como lo definió el mismo Mussolini—, que era alcalde de Piana dei Greci y contra el que las autoridades presentes no tuvieron el valor de rebelarse.
Merece la pena contar el episodio.
Después de la visita a Palermo, a Mussolini le entran ganas de conocer algunos centros de la provincia, entre los cuales está Piana dei Greci (hoy Piana degli Albanesi).
El prefecto Cesare Mori, sabiendo que en Piana los aldeanos tenían una fuerte tradición socialista y que, además, el pueblo estaba gobernado por un mafioso, hizo escoltar a Mussolini por una veintena de agentes en moto.
Cuando Ciccio Cuccìa, que había salido a la calle para recibir al jefe del Gobierno, lo vio rodeado por aquella gran cantidad de policías, le dijo en voz alta, de modo que lo oyeran también los ciudadanos que abarrotaban la plaza:
—Excelencia, ¿hacen falta tantos esbirros? Vuecencia no tiene nada que temer a mi lado, porque aquí mando yo.
Y luego se dio la vuelta y le gritó a la multitud:
—Que nadie le toque ni un pelo a Mussolini, mi amigo y el mejor hombre del mundo.
Mussolini se puso verde de la rabia.
Mientras hacía aquel viaje, él comprendió, además, aquello que los mafiosos querían de él a cambio de un apoyo total: «Dejar —son siempre las palabras de Mussolini— el poder a unos pocos centenares de malvivientes».
Y dotó al prefecto Cesare Mori de plenos poderes.
Mori, por otra parte, conocía bien Sicilia.
Había estado allí en la inmediata posguerra para reprimir los movimientos nacidos de la desilusión de los aldeanos, a quienes, para animar su espíritu patriótico mientras se desarrollaba el conflicto, el Gobierno les había hecho la enésima promesa de darles tierras que cultivar y, luego, había vuelto a romper su palabra.
A continuación lo nombraron prefecto de Bolonia, pero los fascistas acabaron trasladándolo de nuevo al sur porque había mandado a decenas de personas a la cárcel después de los graves hechos de sangre sucedidos en el palacio de Accursio. "



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