El inspector (fragmento)Nikolai Gogol

El inspector (fragmento)

"Ana Andreevna. ¡Oh, qué agradable!
María Antónovna. ¡Oh, es un encanto!
Ana Andreevna. ¡Qué finura en los modales! Se ve inmediatamente que es de San Petersburgo. Me gustan muchísimo esos jóvenes. Me gustan con locura. Por lo demás, le agradé mucho: lo noté. Me miraba sin cesar.
María Antónovna. ¡Oh mamita! Era a mí a quien miraba.
Ana Andreevna. ¡Haz el favor de no decir absurdos! Eso está completamente fuera de lugar.
María Antónovna. ¡Te aseguro que sí, mamita!
Ana Andreevna. ¡Bueno, ya apareció aquello! ¡Cómo no me ibas a discutir! ¿Para qué te iba a mirar el huésped?
María Antónovna. ¡De veras, mamita! Te digo que me miró. Cuando empezó a hablar de literatura me miró y después, al contar cómo jugaba al whist con los embajadores, volvió a mirarme.
Ana Andreevna. Bueno, puede ser que alguna vez te haya mirado, pero para salir del paso, nada más. «Bueno», habrá pensado, «¡la miraré a ella un poco también!»
[...]
Alcalde. Lamento haberle dado tanto de beber. ¿Y si sólo fuera cierto la mitad de todo lo que nos ha dicho? (Se queda pensativo.) ¿Y por qué no ha de serlo? Cuando un hombre ha bebido, dice la verdad. Claro que habrá mentido algo; pero ya se sabe, no se puede hablar sin mentir un poco. Juega a las barajas con los ministros y va a palacio… Cuanto más lo piensa uno, más caos tiene en la cabeza.
Ana Andreevna. Pues yo no sentí la menor timidez… simplemente, vi en él a un hombre culto y de mundo. Las jerarquías no me importan.
Alcalde. ¡Ah, ustedes las mujeres! ¡Mujeres y basta! ¡Para ustedes, todo son bagatelas! Hablaste con él como si fuera un Dóbchinsky cualquiera.
Ana Andreevna. De esto, te aconsejo que no te preocupes. Nosotras sabemos ciertas cosas… (Mira fijamente a su hija.)
Alcalde. (Aparte.) ¿Para qué voy a perder el tiempo hablando con ustedes?… ¡Qué barbaridad! Todavía no se me ha pasado el susto. (Abre la puerta y habla hacia afuera.) ¡Mishka! Llama a los vigilantes, a Svistunov y a Derjimorda: deben estar cerca. (Breve pausa.) ¡Las cosas que se ven! Vaya y pase si fuera un hombre de aspecto respetable, importante, pero es flacucho, pequeño… ¿Cómo se podría adivinar quién es? Todavía, si fuera un militar, eso ayudaría a reconocerlo, pero el que se pone un frac… parece una mosca con las alas cortadas. ¡Y pensar en todos los rodeos con que habló en la posada!… ¡Creí que no nos entenderíamos! Pero, finalmente, se rindió con armas y bagajes. Y hasta habló más de la cuenta. Se ve que es joven. "



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