El sentido de la historia (fragmento)Nikolái Berdiáyev

El sentido de la historia (fragmento)

"Una espera tan anhelante del día de la bienaventuranza, de la verdad y del reino de Dios, jamás ha existido en parte alguna: tan sólo en la conciencia profética mesiánica. Al mismo tiempo, esta conciencia mesiánica podía tener también su contrapartida: en el pueblo hebreo, podía transformarse en la espera de un Mesías (bajo la forma de un rey terreno) que hubiera realizado el reino de Israel, el reino nacional de Israel sobre la tierra, en el que se habría consumado la bienaventuran­za definitiva. En la apocalíptica de los antiguos hebreos existe siempre la posibilidad de entender de este modo la espera mesiánica. Dice Renán: «El verdadero israelita es un hombre atormentado por la insatisfacción, poseído siempre por una inextinguible sed de futuro». Esta sed inextinguible es la sed del advenimiento del reino de Dios sobre la tierra. «A diferencia del cristiano, el hebreo no es capaz de someterse a la Providencia. Para el cristiano, la pobreza y la humilla­ción son virtudes, para el hebreo son lacras que hay qué combatir. Los abusos y las violencias que el cristiano soporta con docilidad, indignan al hebreo». Esto traza una línea divisoria entre la conciencia hebrea y la cristiana, la cual resulta inaceptable e incomprensible para aquellos hebreos que no han superado su hebraísmo. Aquí se funda el carácter revolucionario de la conciencia religiosa del hebraísmo. El hebreo se hace fácilmente revolucionario y socialista, los hebreos defienden el falso mito de que, en la base de la historia, está la explotación del hombre por el hombre. Con esto no nos referimos al sentido concreto que tiene tal expresión en nuestro tiempo; aludimos a una característi­ca tipológica, a un desafío al destino y a las pruebas y sufrimientos que forman parte de él, a una exigencia insistente, tensa, apasionada de que la verdad y la beatitud sean realizadas ya en este destino terreno. Para los hebreos, esta idea del reino terrenal no era laica, secular, sino religiosa, teocrática. A esto va ligado el hecho de que los hebreos tenían un sentido relativamente débil del estado en el sentido laico del término, del estado secular. Aquí nos encontramos con una contradic­ción. Mientras que ningún otro pueblo deseó con tanto apasionamien­to el advenimiento de su reino nacional terreno, al pueblo hebreo le faltó precisamente a lo largo de su historia una posibilidad elemental que tuvieron todos los demás pueblos: la de tener un estado propio. El deseo apasionado de tener un estado propio condujo, en definitiva, al resultado opuesto: a diferencia de los demás pueblos, su deseo se vio defraudado. Se trata de una de las paradojas ligadas al destino del mesianismo hebreo. La vida espiritual de este pueblo debía llevar a la aparición de Cristo y a su crucifixión. Cristo no colmó las esperanzas del pueblo, no se convirtió en un rey terrenal ni creó el reino de Israel. Este hecho trajo consigo una contradicción radical: el pueblo hebreo, que rechazó al Crucificado, terminó por experimentar él mis­mo la crucifixión a través de su propio destino. Es esta la contradicción fundamental de su destino religioso. "


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