Lo santo, lo racional y lo irracional en la idea de Dios (fragmento)Rudolf Otto

Lo santo, lo racional y lo irracional en la idea de Dios (fragmento)

"En fin, también a la luz y sobre el fondo de este sentimiento numinoso, con su aspecto misterioso y tremendo, debe contemplarse la lucha íntima de Cristo en la noche de Gethsemaní, si se quiere concebir y revivir lo que ocurre realmente en su espíritu. ¿Qué significa este temor, esta vacilación que conmueve hasta el fondo de su alma, esta congoja próxima a la muerte, este sudor que llueve sobre la tierra como gotas de sangre? ¿Es el vulgar temor a la muerte?
Pero, ¿en quién? ¿En aquél que ve la muerte ante sus ojos desde hace semanas, y que ha celebrado con clara conciencia la última cena con sus discípulos? No; aquí no se trata del miedo a la muerte. Aquí es el espanto de la criatura ante el misterio tremendo, ante el enigma terrorífico. Y vienen al pensamiento, como paralelos y anticipaciones patentes, las viejas leyendas de Jahveh, que asalta de improviso en la noche a Moisés, su servidor, y de Jacob, que luchó con Dios hasta la mañana. «Él ha luchado con Dios, y ha vencido.» Ha luchado con el Dios de la cólera y del furor, con el NUMEN, el cual es a pesar de eso MI PADRE. En verdad, aun aquél que no crea encontrar de nuevo el Santo de Israel en el Dios de los Evangelios, por fuerza ha de descubrirlo aquí si no es ciego.
Ya nos hemos referido a la atmósfera de numinosa tonalidad que se encuentra en San Pablo. «Dios vive en una luz adonde nadie puede llegar.» El carácter superlativo del concepto y sentimiento de Dios conduce a San Pablo al vocabulario y a las emociones peculiares de la mística. Pero, en general, alienta en los sentimientos generales de entonación entusiasta y en el uso pneumático de las palabras, que trascienden del lado únicamente racional de la devoción cristiana. Su desvaloración «dualista» de la carne, como de todo lo creado en general, es la exaltación máxima de aquella desestima numinosa de sí propio a que nos referimos anteriormente. Esas catástrofes y peripecias de la vida sentimental, esa tragedia del pecado y de la culpa, ese fervor de emoción beatífica, solamente puede darse y solamente
se comprende en el terreno de lo numinoso. Y así como en San Pablo la orgé theoy (la cólera divina) es algo más que la mera reacción de la justicia vindicativa, y está penetrada del carácter tremendo de lo numinoso, así también, en el lado opuesto, el poder fascinante del amor divino que saca de quicio al espíritu y le arrebata al tercer cielo, es algo más
que el grado sumo del sentimiento naturalmente filial en el hombre.
La orgé theoy (la cólera divina) se hace sentir intensamente en el sublime pasaje de la Epístola a los Romanos, capítulo I, versículo 18 y siguientes. («Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen la verdad con la injusticia», etc., etc.). Al punto volvemos a reconocer aquí el Jahveh celoso y
colérico del Antiguo Testamento, sólo que ahora lo vemos en la forma del Dios grandioso de la historia y del mundo, terrible y violento, que desfoga su flamígera cólera sobre todo el mundo. Verdaderamente irracional y hasta sublime en su horror es la concepción de que el Airado castiga los pecados condenando «a pecar todavía más». Por tres veces
repite San Pablo este pensamiento, que una consideración exclusivamente racional no podría soportar. "



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