La vida de Ernest Psichari (fragmento)Henri Massis

La vida de Ernest Psichari (fragmento)

"El sábado, día ocho de febrero fue confirmada por monseñor Gibier la presencia de Ernest Psichari en el Seminario menor de Grandchamp. Con voz trémula y contenida recitaba el Credum y hacía sucesivo acopio de las sílabas latinas que fluían de sus labios. Tras la Confirmación, el Obispo tuvo a bien preguntarle por su edad y nuestro amigo respondió «Veintinueve años. Toda una vida perdida» e inclinándose filialmente para recibir la bendición del prelado, clamó «Monseñor, me siento como si anidara en mí otra ánima». Al día siguiente, Ernest Psichari recibió la primera comunión en la Capilla de las Hermanas de la Santa Infancia y posteriormente se trasladó en peregrinación a Chartres. A su regreso, le confío al Padre Clérissac: «Siento que le daré al Altísimo todo lo que me pida» y todos los que se hallaban presentes en aquel maravilloso evento se sintieron conmovidos por la dicha que irradiaba. En ese instante comprendió el verdadero sentido de la felicidad: el fruto gratuito del amor, de modo que temía que el propósito de una esposa traicionara toda la caridad que anidaba en su alma. De súbito tuvo la certeza de que aquella llaga en el corazón le traería la salvación. Su mirada reflejaba una límpida y diáfana brillantez, una confianza que revelaba el gozo de una profunda libertad interior y es que, como ya hemos señalado la inocencia pueril no puede prever los grandes designios de la divinidad.
Nos asombró el hecho de que Ernest Psichari se hubiera iniciado en la vida de fe, en la vida cristiana, casi sin preparación alguna, sin aprendizaje ni ninguna transición, como si el ser católico hubiera sido desde siempre su estado natural. Aquella alma, que hasta ayer mismo ignoraba la omnisciencia divina, de repente parecía estar ahíta y colma. Conocía sin haber aprendido. Y repetía y emulaba las oraciones y preces que la Iglesia había inculcado a lo largo de los años. Embriagado por aquel feliz reencuentro, aseveraba: «¡Es tan fácil caer rendido a tus pies y amarte, Señor! "



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