La tercera muerte de Dios (fragmento)André Glucksmann

La tercera muerte de Dios (fragmento)

"Una fuerza nocturna ataca el interior y el exterior de la ciudad, hace estragos entre las divinidades, enloquece al individuo. Aristóteles, el más sobrio de los filósofos, habla entonces de steresis. Hegel lo tradujo por "trabajo de lo negativo".
La nada no es esto o aquello. Los griegos evitaron personificar o cosificar la fuerza oscura que les arrancaba de ellos mismos y les arrojaba a la incertidumbre. No es ni demonio, ni tirano, ni Dios, ni diablo, ni nada. Demasiado ubicua para fijarla mediante un solo nombre. Demasiado omnipresente como para merecer toda una retahíla. No obstante, emerge y se impone un vocablo, antes de convertirse en el eje de una querella más platónica que homérica. Es "Eros".
En la gran tragedia, que no ha dejado de fascinar a los modernos, la Antígona de Sófocles, el corazón se expresa en cinco ocasiones en un canto llamado "stasimon". El corazón teologiza. Nombra a los dioses y más precisamente al que interviene en cada momento crítico del drama. Desde el primer stasimon, el más célebre, los filósofos captan, y con razón, una definición inagotable de la condición humana. El corazón comenta la transgresión que tiene lugar bajo su mirada. ¿La de Antígona que se niega a obedecer las órdenes de Creonte? ¿La de Creonte, que abandona cuerpos sin darles sepultura? ¿La más generalizada, que permite a la humanidad existir trastornando, sin cesar, sus condiciones de vida, lo más sagrado?

Múltiple es lo inquietante
pero lo más inquietante es el hombre. "



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