Las dictaduras de nuestro tiempo (fragmento)Andreu Nin

Las dictaduras de nuestro tiempo (fragmento)

"El egoísmo materialista es un producto directo del régimen capitalista o, por mejor decir, es su misma esencia, su propio fundamento. Una economía basada en la propiedad individual de los medios de producción y en la competencia, que funciona con vistas al mercado y no a la satisfacción sistemática, y según un plan, de las necesidades sociales, no puede dejar de ser egoísta. El principio de la escuela liberal manchesteriana, laissez faire, laissez passer, que consagró y justificó todos los horrores del período de acumulación primitiva del capitalismo, consagra y justifica el egoísmo materialista como base de la sociedad burguesa en el período actual. La guerra, al lanzar millones de hombres a los campos de batalla, provocó la aparición brutal de este egoísmo que es la fuerza motriz del capitalismo; masas enormes de hombres se pudrían en las trincheras, luchaban y morían, no por ideales sagrados, sino por materiales intereses de las oligarquías financieras que se disputaban la hegemonía económica mundial, por los fabricantes de armamentos y los especuladores de toda categoría, que se enriquecían mientras los trabajadores, en lugar de rebelarse contra el régimen que los conducía al degolladero, se aniquilaban mutuamente, y en esta espantosa carnicería el patriotismo y el ideal religioso no eran la esclusa que contenía — como pretende el Sr. Cambó — la ola materialista, sino el marchamo con que la burguesía cubría sus verdaderos fines. Por otra parte, ha sido siempre éste el procedimiento empleado por las clases explotadoras. Si en la Edad Media la Nobleza y la Iglesia (que, no lo olvidemos, era una potencia económica feudal de primera fuerza) se valían de la religión para tener sujetos a los siervos, a los que prometían la gloria futura del cielo para que no advirtieran el infierno en que vivían en la tierra, la burguesía la utiliza para cultivar el sentimiento de la resignación proletaria y perpetuar su explotación, e identifica la idea de patria con la de patria burguesa para enviar a la muerte en su defensa a los esclavos asalariados.
Durante cierto tiempo, y a pesar de sus horrores, el capitalismo ha representado un papel progresivo. Al desarrollar en proporciones nunca vistas ni imaginadas las fuerzas productoras, al destruir despiadadamente los restos de la sociedad feudal, dio un formidable impulso al avance de la humanidad. Pero el capitalismo ha terminado su misión, constituye un obstáculo a la evolución ulterior de las fuerzas productoras y no queda de él más que el bajo egoísmo. Hoy en día el capitalismo es un factor de reacción y no de progreso. La clase enardecida por el ideal — la redención de toda la humanidad y no de una sola clase — y que destruirá los fundamentos del egoísmo materialista, no será — como supone el Sr. Cambó — la de ”los ricos que saben ser ricos” — cuyo verdadero carácter filantrópico hemos ya puesto al descubierto —, sino el proletariado, que derribará el sistema capitalista y establecerá un nuevo régimen social en el que no subsistirán la propiedad privada de los medios de producción, la explotación, el egoísmo y las clases, y en el cual los ideales más elevados hallarán magnífica base para desarrollarse. "



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