La parcela (fragmento)José López Portillo y Rojas

La parcela (fragmento)

"Y sin más, se echó a escape sobre Roque con el machete enarbolado. Así tan sólo se vio éste obligado a reanudar el combate, aunque con poca voluntad, y proponiéndose ya no atacar, sino defenderse únicamente. Pero la cosa iba de veras. Un machetazo de Pánfílo le mutiló el ala del sombrero; otro le rompió la teja de la silla. Hubo un instante en que el compasivo Roque se reputó perdido. Trozada una de las riendas, su caballo ya sin gobierno, se dio a girar sobre sí mismo, sujeto sólo por la otra rienda. Pánfílo, ciego de furor y sin atender a nada, arremetió no obstante con gran furia.
Comprendió entonces Roque que la disyuntiva era ésta: morir o matar. Respondió, pues, al ataque, con mandobles furiosos, aunque desordenados, en medio de los remolinos de la bestia espantada. Pánfilo intentaba acercársele, pero se negaba su cabalgadura, y no era poderoso a vencer su resistencia. En medio de la refriega, recibió aquélla una cuchillada en el hocico. Pero se obstinó Pánfilo a tal punto y hundió tan hondamente las espuelas en los ijares de la bestia, que al fin, exasperada, se lanzó ésta hacia adelante de un bote, arremetiendo contra Roque y su caballo. El choque fue rudo: jinetes y animales cayeron por tierra en revuelta pugna y confusión. Caídos, siguieron ofendiéndose los combatientes con los pies, con las manos, con la empuñadura de los machetes y pronto estuvieron en pie, estropeados, cubiertos de polvo, descoloridos, horribles. No parecían hombres, sino bestias feroces.
Los caballos abandonados a sí mismos, emprendieron la fuga luego que pudieron levantarse. Corrieron desbocados por la ladera, haciendo un ruido espantoso con los cueros de las sillas, que sacudían sobre los lomos, y con los estribos que azotaban contra los troncos de los árboles. Pronto desaparecieron en lo más enmarañado del bosque. Se oyó por algunos momentos el rumor de su fuga; pero muy luego se desvaneció en la distancia, y todo quedó silencioso.
La lucha no podía prolongarse; los combatientes estaban agotados. Apenas podían moverse; pero no querían rendirse, pues aunque les faltaban las fuerzas, les sobraba el coraje.
El azar resolvió la contienda. Levantó Roque el brazo para descargar un machetazo a Pánfilo en la cabeza, y éste acudió rápidamente a la parada, para defender el cráneo; mas no alcanzando a parar con la hoja, lo hizo con la empuñadura. Y el arma pesadísima de su antagonista dio de filo sobre sus dedos menores. Con esto cayeron al suelo tanto la espada como los dedos tronchados; tinta en sangre aquélla, éstos lívidos y convulsos. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com