De la abyección (fragmento)Marcel Jouhandeau

De la abyección (fragmento)

"No es del todo imposible que un diálogo sin palabras se establezca entre dos desconocidos sentados frente a frente, durante un viaje, o entre dos paseantes que se cruzan al azar. El intercambio fugitivo permanece a veces como un estado de inquietud o se manifiesta en una expresión del rostro: un gesto de simpatía o de hostilidad predecibles. Si uno de los dos paseantes es un cualquiera y el otro un quienquiera se adivina lo que puede pasar, pero si «cualquiera» se cruza con el maníaco, el obsesionado, el «aislado» que soy yo, nadie sabe cómo me afecta mirarle, ni el desacierto del que voy a ser objeto por su parte, si es que hay algún hombre en el mundo susceptible de la misma curiosidad que yo y capaz de responder a ella. Pero, si, con la complicidad del Cielo o del Infierno, el milagro se produjera y aquel que compartiera mi idea fija viniera a mi encuentro, podríamos creer, por un instante, que el mundo entero está construido como nosotros, y entonces ¡craso error! nos dejaríamos llevar por un ensueño excepcional.
Sobre todo, habría que evitar vivir con los demás como si fueran otros yo, pero eso es exactamente lo que hago.
Sin duda, yo sólo sería verosímil en un mundo en el que todos sufrieran la misma locura que yo. Y lo que me pierde es concebir, a veces, como real el mundo quimérico en el que me siento solo. Me bastaría con aceptar el sentimiento de mi excepción entre los hombres para salvarme humanamente, porque así habría descubierto la hipocresía que convendría adoptar, que es una forma de la sabiduría, a no ser que la única sabiduría que pueda conocer no sea sino una forma viable de mi locura. "



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