Memorias de un esteta (fragmento)Harold Acton

Memorias de un esteta (fragmento)

"Los aficionados pekineses se interesan sobre todo en los aspectos vocales de la obra: se acercan a los escenarios para disfrutar de las prolongadas y difíciles fugas en falsete. La trama, que siempre resalta alguna recta enseñanza moral, es un aliciente secundario, y año tras año se escenifican las mismas producciones en unas salas repletas de una audiencia tan crítica como la que asiste a la ópera en Italia. En cuanto a mí, lo primero que me llamó la atención fueron los elementos que la emparentaban con la Commedia dell´arte y las tablas isabelinas.
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Terminamos por conocer personalmente a los comediantes e invitamos a toda la compañía de Han Shih-chang a nuestra casa, fotografiándoles en muchos papeles distintos, aunque para cada uno de ellos tenían que cambiarse de indumentaria y afeites, proceso laborioso ya que los rostros de algunos personajes debían exhibir unas combinaciones simbólicas estandarizadas: el blanco indicaba perfidia, el negro una brusca honestidad, el rojo lealtad y coraje, el azul fiereza, el verde desgobierno, el amarillo fuerza y secreta astucia. Las pinturas faciales de estos ejecutantes constituían un arte en sí mismas y transformaban por completo a los artistas. Una vez en el escenario, Han Shih-chang, un hombrecillo rechoncho de unos cuarenta años, quedaba metamorfoseado en la más grácil de las ninfas: conseguía el más extraordinario triunfo del arte sobre la naturaleza.
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Las masas italianas pueden ser las más bulliciosas del mundo y, sin embargo, cuando la elocuencia de D’Annunzio alzaba el vuelo en una plaza repleta de público habría podido oírse, literalmente, la caída de un alfiler, y aquello era antes de la introducción de los altavoces. "



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