Namazkhaneh-ye kuchek-e man (fragmento)Houshang Golshiri

Namazkhaneh-ye kuchek-e man (fragmento)

"En realidad lo ideal sería que no me comprara ninguna muñeca. Si viniera, le conminaría a no hacerlo. De cualquier forma, no lloraría. ¿Recuerdas cómo prorrumpía en un quejumbroso llanto la abuela? Te lo conté. Yo lloraba también. Papá no lloraba. O quizás lo hiciera, como las muñecas, o como tú misma cuando no viertes lágrima alguna ni emites ningún sonido. A mí me resultaba imposible. Lloraba como un orate, siendo consciente de que nunca más el abuelo sostendría ante mí su bastón inquiriendo: «¿Maryam, ¿podrías decirme cuánto mide mi bastón?».
-«Siete, abuelo, siete».
-«No, cinco, querida niña, diría él».
-«Diez y medio y algo más, añadiría él».
-«No, siete, insistiría yo».
-«Mídelo y verás», apostillaría él. Él pensaría que yo ignoraría que tan pronto mi mano alcanzara la cúspide de su bastón sería asida por él y me sentaría sobre sus rodillas. Me encantaría. Le cogería el reloj que solía llevar en el bolsillo del chaleco. Seguidamente, el abuelo abriría la tapa del mecanismo y lo acercaría a mi oído.
-«Tus manos son tan viejas, abuelo, diría yo».
-«¡Realmente son muy viejas!», acordaría él.
El dorso de su mano luciría extraño, como su faz. Él diría, «es culpa suya», refiriéndose a las manecillas del reloj, queriendo decir que las rojas giraban más rápido que las otras. ¿Dónde está su reloj ahora? ¿Lo enterraron con el abuelo? No habría forma de saberlo. Supón que tú fueras esa minucia, yendo y viniendo hacia uno y otro lado. ¿Acaso no resultaría mareante? Papá estaba en el otro lado. No podía reconocerlo. Tú serías como la manecilla que se mece una y otra vez. Mamá me sostendría la mano y me preguntaría, «¿cuál quieres para ti?».
-«No sé», respondería yo.
Pero ahora sí lo sé. Pondría los bastones uno al lado de otro. Uno por un lado; seguidamente el otro. Mamá y yo nos quedaríamos en un lado y papá en su opuesto. Tú estarías en medio de ambos. Los que estuviéramos en un lado, nosotros, atacaríamos y los otros gritarían. Papá gritaría, «¿cómo está mi Maryam? Envíale un beso a papá.
Tú te acercarías aquí y papá no podría darse cuenta de que efectivamente le estoy dando un ósculo. Papá diría algo, pero no recuerdo qué. Mamá me sostendría la mano. Papá aseveraría, «mi hija no llorará».
-«Estoy bien».
En realidad no tenía una clara imagen de mi padre. Él no representaba la paternidad en absoluto. Si la traviesa Mehri no hubiera roto mi muñeca china, la pondría al otro lado, en lugar de mi padre, junto a los que están ahí, junto a mi padre. Mamá diría, «recuerda no hacer mención alguna de la muñeca. "



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