Los Pirineos (fragmento)Víctor Hugo

Los Pirineos (fragmento)

"Todos los pensadores son soñadores; el ensueño es el pensamiento en estado fluido y flotante. No hay ni un solo gran espíritu al que no hayan obsesionado, maravillado, aterrorizado, o al menos extrañado las visiones que salen de la naturaleza. Algunos han hablado de ellas y, por decirlo así, han dejado en sus obras, para vivir en ellas para siempre con la vida inmortal de su estilo y de su pensamiento, las formas extraordinarias y fugitivas, las cosas sin nombre que habían vislumbrado «en la oscuridad de la noche». Visa sub Obscurum noctis. Cicerón las llama imagines, Casio spectra, Quintiliano figurae, Lucrecío effigies, Virgilio simulacra, Carlomagno masca. En Shakespeare, Hamlet habla de ellas a Horacio, Gassendi se preocupaba de ellas y Lagrange soñaba con ellas después de haber traducido a Lucrecio y meditado sobre Gassendi.
Pienso con vos en voz alta, amigo mío. Una idea me lleva a la otra. Me dejo ir. Vos sois bueno y simpático e indulgente. Estáis acostumbrado a mi marcha y me dejáis pensar con libertad. Heme aquí, sin embargo, bastante lejos de la arenisca, al menos aparentemente. Vuelvo a ella.
Los aspectos que presenta la arenisca, las copias singulares que hace de mil cosas tienen de particular que la claridad del día no las disipa y no hace que se desvanezcan. Aquí, en Pasajes, la montaña, esculpida y trabajada por las lluvias, el mar y el viento, está poblada por la arenisca de una infinidad de habitantes de piedra, mudos, inmóviles, eternos, casi pavorosos. Es un ermitaño con cogulla, sentado en la entrada de la bahía, en lo alto de una peña inaccesible, con los brazos extendidos, que, según esté el cielo azul o tormentoso, parece bendecir el mar o advertir a los marineros. Son los enanos con picos de pájaro, monstruos con forma humana y con dos caras una de las cuales ríe y la otra llora, muy cerca del cielo, en una meseta desierta, en las nubes, allí donde nada hace reír ni nada hace llorar. Son miembros de gigante, disjecti memhra gigantis; aquí la rodilla, allí el torso o el omoplato, la cabeza más allá. Es un ídolo barrigudo, con hocico de buey con colleras al cuello y dos pares de gordos brazos cortos, detrás del cual se agitan grandes malezas como espantamoscas. Es un sapo gigantesco agachado en la cima de una alta colina, jaspeado por los líquenes con manchas amarillas y lívidas, que abre una boca horrible y parece soplar la tempestad sobre el océano. "



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