Modernización reflexiva (fragmento)Ulrich Beck

Modernización reflexiva (fragmento)

"La sociedad postradicional es un final; pero también es un comienzo, un universo social de acción y experiencia genuinamente nuevo. ¿Qué tipo de orden social es, o en cuál podría convertirse? Se trata, como he dicho, de una sociedad global no en el sentido de una sociedad mundial, sino en el sentido de una sociedad de «espacio indefinido». Se trata de un orden social en el que los nexos sociales tienen que hacerse, y no heredarse del pasado; en el nivel personal, y en niveles más colectivos, esta es una empresa peliaguda y difícil, pero que también contiene la promesa de grandes recompensas. Es un orden social descentralizado en lo que se refiere a las autoridades, pero recentralizado en cuanto a oportunidades y dilemas, puesto que se centra en nuevas formas de interdependencia. Considerar el narcisismo, o incluso el individualismo, como el núcleo del orden postradicional es un error: ciertamente en lo que se refiere a las potencialidades de futuro que contiene. En el dominio de la vida interpersonal, abrirse al otro es la condición de la solidaridad social; en una escala mayor, tender la «mano de la amistad» dentro de un orden global cosmopolita está éticamente implícito en la nueva agenda esbozada al principio de esta discusión.
No hace falta decir que la potencialidad y la realidad son dos cosas muy distintas. La duda radical alimenta la ansiedad, y las incertidumbres socialmente creadas se presentan amenazadoras; grandes abismos separan a los ricos y a los pobres tanto en el nivel local como en niveles más globales. Sin embargo, podemos discernir perspectivas claras de una renovación del compromiso político, si bien siguiendo alineaciones distintas de las conocidas hasta el momento. Rompiendo con las aporías del postmodernismo, podemos observar posibilidades de «democracia dialógica» ampliándose desde una «democracia de las emociones» en la vida personal hasta los límites externos del orden global. Como humanidad colectiva, no estamos condenados a una fragmentación irreparable, pero tampoco lo estamos a la jaula de hierro imaginada por Max Weber. Más allá de la compulsividad reside la oportunidad de desarrollar formas auténticas de vida humana que deban poco a las verdades formulares de la tradición, pero en las que la defensa de la tradición tenga también un papel importante. "



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