Grandeza y decadencia de César Birotteau, perfumista (fragmento)Honoré de Balzac

Grandeza y decadencia de César Birotteau, perfumista (fragmento)

"Es más difícil explicar la diferencia que existe entre la aristocracia y la burguesía, que el que ésta eclipse a aquélla. Aquellas mujeres, molestas con sus trajes nuevos, sabían que iban endomingadas y dejaban ver sencillamente una alegría que probaba que el baile era una rareza en medio de su laboriosa vida; mientras que las tres mujeres que representaban, cada una, una esfera del gran mundo, estaban entonces como debían estar al día siguiente, no tenían aspecto de haberse vestido expresamente, no se preocupaban del efecto que producían, sus caras no revelaban nada excesivo y bailaban con la gracia y el abandono que ciertos genios desconocidos comunicaron a algunas estatuas antiguas. Las demás, por el contrario, marcadas con el sello del trabajo, conservaban sus posturas vulgares y se divertían demasiado; sus miradas eran inconsideradamente curiosas, sus voces no formaban ese ligero murmullo que da una inimitable gracia picante a las conversaciones de baile, y sus personas no tenían esa seriedad impertinente que detiene al epigrama en germen, ni esa tranquila actitud que ostentan las gentes acostumbradas a ejercer un gran imperio sobre sí mismas. Así, madame Rabourdin, madame Jules y mademoiselle de Fontaine, que se habían prometido infinitos goces en aquel baile de perfumista, se destacaban de toda aquella multitud con sus gracias y el exquisito gusto de sus tocados, como se destacan tres primeras damas de la Ópera en medio de la torpe multitud de sus comparsas. Aquellas tres mujeres eran observadas con admiración y envidia. Madame Roguin, Constance y Césarine formaban una especie de lazo que unía las figuras comerciales a aquellos tres tipos de la aristocracia femenina. Como en todos los bailes, hubo un momento de animación en que los derroches de luz, de alegría, la música y el ardor de la danza causaron una embriaguez que hizo desaparecer aquellos matices en medio del crescendo del tutti. El baile iba a hacerse bullicioso, y mademoiselle de Fontaine quiso retirarse; pero cuando buscó el brazo del venerable vendeano, Birotteau, su mujer y su hija acudieron para impedir que toda la aristocracia desertase de su reunión. "


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