El fondo del cielo (fragmento)Rodrigo Fresán

El fondo del cielo (fragmento)

"El aire desborda de cosas que no son aire pero que ahora son parte de él.
La gente cae desde lo alto y en el suelo hay piezas sueltas de personas que ya nunca volverán a ser armadas.
Las sirenas se confunden con los gritos y ahí estoy yo, con las manos en los bolsillos pensando en cómo me gustaría disponer de mucho tiempo para describir todo eso. Milímetro a milímetro. La manera en que el panorama se ha alterado por completo y para siempre. El modo en que el suelo resplandece con millones de pedazos de vidrio, brillando como diamantes en esta mañana azul, crujiendo como el hielo fino de un lago helado bajo los filos de patinadores audaces. La manera en que millones de postales se convierten, de pronto, en mentirosas, en desactualizadas fotos de un lugar que ya no existe.
Recordé a mi padre, ala voz de mi padre, contándome de la Luz Divina que se había roto en incontables fragmentos y había caído como una lluvia de cristales sobre la superficie del planeta. Recordé a mi padre y sentí como si viera todo al mismo tiempo: la totalidad del devastador panorama y, simultáneamente, cada uno de sus más mínimos y secretos detalles. Algo parecido a lo que se experimenta cuando pasamos las hojas de esos libros dedicados a los clásicos de la pintura. Primero, una doble página donde se reproduce al completo uno de esos cuadros rebosantes de personajes y de situaciones. Y a continuación, varios pliegos dedicados a destacar detalles. Ampliaciones. La sonrisa que, de cerca, parece construida con la paciencia de un mosaico. La falsa proximidad que nos hace sentir orgullosos dueños de efímeros superpoderes que casi nos permiten observar el primer boceto arrepentido del artista o la inevitable y escondida contraseña juguetona (las pezuñas de ese perro marcando iniciales de un mecenas en la tierra, la mano de una doncella señalando tina nube con forma de escudo ducal). Las grietas en el óleo, finas como cabellos (y me inclino a ver lo que pienso es un pájaro herido y, no, resulta ser el cuero cabelludo de una cabeza perdida) como pruebas incriminadoras páralos estudiosos que intentarán explicarnos cómo fue que pudo suceder algo así sin que pudiésemos anticiparlo, como pistas condenatorias para los especialistas que ya llegan, ya están aquí, ya vendrán para mostrarnos todo aquello que siempre miramos pero nunca vimos. "



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