La Casa Rusia (fragmento)John Le Carré

La Casa Rusia (fragmento)

"Tenía su propio plano de la ciudad, cortesía de Paddy, una edi­ción alemana con texto en varios idiomas. Cy le había dado un ejemplar de Crimen y Castigo, una manoseada edición en rústica de Penguin con una traducción que le resultaba desesperante. Ha­bía puesto las dos cosas en una bolsa de plástico. Wicklow había in­sistido. No cualquier bolsa, sino esta bolsa, que anuncia algún ho­rrible cigarrillo americano y puede ser reconocida a quinientos metros de distancia. Ahora, su única misión en la vida era seguir a Raskolnikov en su fatídico viaje para asesinar a la vieja dama, y por eso era por lo que estaba buscando un patio que diera al canal Grivoyedev. Se entraba por unas puertas de hierro, y un frondoso ár­bol daba sombra. Se internó lentamente en él, mirando su Pen­guin y luego, cautelosamente, a las sucias ventanas, como si esperase ver rezumar la sangre de la vieja usurera por la pintura amarillenta. Sólo ocasionalmente dejaba vagar su mirada a esa de­senfocada distancia media que es coto privado de las clases altas británicas y que comprende objetos tan extraños como gente que pasa, o que no pasa pero no hace nada; o la puerta que conducía a la calle Plejanova, que, decía Paddy, sólo muy pocas personas co­nocían en la ciudad, como los científicos que habían estudiado de jóvenes en el Litmo, a la vuelta de la esquina, pero que, por lo que Barley podía ver en su indolente búsqueda de accesos, no daban señales de volver.
Estaba sin aliento. Una burbuja de náusea, como una bolsa de aire, le presionaba en la boca del estómago. Llegó a la puerta y la abrió. Atravesó un vestíbulo. Subió el corto tramo de escaleras que llevaba a la calle. Miró a ambos lados y fingió compulsar sus descu­brimientos mientras la correa del odiado micrófono de Wicklow le cortaba la espalda. Dio media vuelta y deambuló de nuevo a través del patio y bajo el frondoso árbol hasta encontrarse otra vez a la orilla del canal. Se sentó en un banco y desplegó el plano. Diez mi­nutos, había dicho Paddy, entregándole un arañado cronómetro en lugar de su poco fiable reliquia. Cinco antes, cinco después, y luego largarse. "



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