Qui pro quo (fragmento)Gesualdo Bufalino

Qui pro quo (fragmento)

"Finalmente, el libro de bolsillo azul, que sacó em­papado de una carpeta cuando llegó, colocándolo al lado del fuego, lo revelaba lector, y lector de buenas lecturas.
Cuando apenas había empezado los interrogatorios rituales, llamándonos a todos nosotros, familiares e in­vitados de las Villas, a informar en torno a la mesa del quiosco, el abogado Belmondo levantó la mano para pedir la palabra. Para hablamos -explicó titubeando­ de un documento que estaba en su poder, confiado por el difunto antes del incidente y cuya exhibición consideraba obligatoria.
-¿Cómo, cómo? -se sorprendió Curro, con los ojos cada vez más parecidos a dos pinchos de higo chumbo.
- Hace unos días -prosiguió el abogado-, Aquila se presentó en mi habitación y me entregó una plica, rogándome que la guardara por algún tiempo. Que la abriera sólo en caso de impedimento grave suyo. Le pedí aclaraciones, no quiso dármelas. Aquí está, e ig­noro su contenido.
Dicho esto, sacó una carpeta de tela color arena, sellada con el lacre de tres sellos.
Había caído la tarde pero en la atmósfera del quiosco se estancaba un calor extremo, parido por el temporal, que no ayudaban a refrescar las lámparas de carburo que la servidumbre, extinguida la electrici­dad, había encendido alrededor. Recuerdo que tam­bién se veía, entre velos de nubes negras, la luna. "



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