Luna de verano (fragmento)P. G. Wodehouse

Luna de verano (fragmento)

"Así pues, sir Buckstone sintió que todas sus esperanzas se derrumbaban, pensó con amargura en lo distinta que habrían sido las cosas si lady Abbott hubiera tenido por hermano a Henry Ford. Y en aquel dramático momento, apareció Alice seguida de Sam Bulpitt.
Su entrada coincidió con el ruido producido por un cuerpo al desplomarse. Míster Chinnery, al saltar de su silla con la ligereza de un ciervo —ya hemos dicho que aquel día presentaba un notable parecido con este distinguido animal— resbaló en la alfombra, cayó y, en el momento de penetrar los dos hermanos, se hallaba sentado en el suelo.
Sin embargo, lo que podía haber de aparente excentricidad en semejante circunstancia, no alteró la marmórea serenidad de lady Abbott, que ni siquiera arqueó las cejas. Se diría que se había pasado toda la vida viendo a hombres dar saltos de las sillas y caer al suelo.
—Buck, aquí está Sam —se limitó a decir.
Sir Buckstone, bajo la impresión de las infaustas noticias, miró inexpresivamente al hombrecillo. Bulpitt le tendió la mano.
—Celebro mucho verlo, lord Abbott.
—Hola, ¿cómo está? —dijo sir Buckstone.
—Muy bien —dijo míster Bulpitt.
En aquel momento pareció darse cuenta de que había en la alfombra un objeto extraño. Miró a míster Chinnery y lanzó una exclamación de alegría:
—¡Oh, cuánto me complace encontrar aquí a un antiguo amigo! ¡Bueno, bueno, bueno, bueno!
A veces, las situaciones catastróficas tienen la virtud de solventar los más arduos problemas. Elmer Chinnery, reducido a aquel agobiador extremo, reaccionó virilmente. Un momento antes, era un animal acorralado. En ese momento recobró una dignidad casi romana.
—Hola —dijo—. ¡Démela!
—¿Cómo?
—¡Le digo que me la dé, hombre!
Sus palabras, y el mudo ademán de su mano extendida hacia míster Bulpitt aclararon la situación. Sam comprendió que se había producido un equívoco.
—¿Cree usted que vengo de nuevo a buscarlo? No, amigo mío: hoy nada tengo que tratar con usted.
Míster Chinnery se levantó, frotándose la parte trasera de los pantalones, ya que la caída le había causado algún daño, y lo miró con una expresión entre incrédula y esperanzada. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com