Maurice (fragmento)E. M. Forster

Maurice (fragmento)

"Clive sentado en el teatro de Dionisos. El escenario estaba vacío, como había estado, durante muchos siglos, el auditorio vacío; el sol se había puesto, aunque la Acrópolis a su espalda irradiaba aún calor. Veía llanuras secas que corrían hacia el mar, Salamina, Egina, montañas, todo empapado en un ocaso violeta. Aquí habitaban sus dioses: Palas Atenea en primer lugar. Podía, si quería, imaginar su brillo intacto, y su estatua captando el último resplandor. Ella comprendía a todos los hombres, aunque no tenía madre y era virgen. Él había venido a darle las gracias después de muchos años porque le había apartado del cieno.
Pero solo vio una última luz moribunda y una tierra muerta. No murmuró ninguna oración, y no creía en ninguna deidad, y sabía que el pasado estaba tan vacío de significado como el presente, y era un refugio para los cobardes.
Bien, al fin había escrito a Maurice. Su carta viajaba a través del mar. Donde una esterilidad rozaba a otra, embarcaría y viajaría pasando Sunion y Citera, desembarcaría y volvería a embarcar, y volvería a desembarcar de nuevo. Maurice la recibiría cuando saliese hacia el trabajo. «Contra mi voluntad, me he hecho normal. No puedo evitarlo.» Las palabras estaban ya escritas.
Descendió cansinamente del teatro. ¿Quién puede evitar algo? No solo en sexo, sino en todas las cosas, los hombres se han movido a ciegas, han evolucionado desde el polvo para disolverse en él cuando este azar de circunstancias concluye. Sería mejor no haber nacido, habían declamado los actores en aquel mismo sitio dos mil años antes. Hasta esta observación, aunque más alejada de lo vano que la mayoría, era vana. "



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