Oriente (fragmento)Vicente Blasco Ibáñez

Oriente (fragmento)

"La caridad cristiana de los pueblos occidentales, que tiene las calles llenas de mendigos y deja morir de hambre a muchos infelices, es bien poca cosa considerada desde Constantinopla. Aquí los pobres son muchísimos miles, y sin embargo, sólo se encuentran pordioseros en el Gran Puente o en los alrededores de alguna mezquita, y éstos nunca son turcos, sino griegos y judíos. El pobre es sagrado para el turco, y no se contenta con darle unos céntimos, abandonándolo después, satisfecha la conciencia, sino que le abre su casa y le da cuanto necesita. En este pueblo generoso, que tiene la noble manía de la protección, todos los pobres están «colocados»; todos cuentan con una casa a la que se adhieren como si fuese suya.
De los actos exteriores del otomano, el que más admiro, como suprema expresión de nobleza, es el saludo. Los europeos no sabemos saludar. Cogemos el sombrero, lo levantamos con más o menos rudeza, sonreímos, y ya está todo hecho. El turco es un verdadero artista de la cortesía. Su gorro rojo es inconmovible. Se lo pone al levantarse y no se despoja de él, ni un instante, hasta la noche. Descubrirse la cabeza es la mayor descortesía y algo así como una blasfemia religiosa. Quitarse el cubrecabezas para saludar significaría lo mismo que si un europeo se despojase de un zapato para dar la bienvenida a una señora. Esta necesidad de mantener el fez recto e inmóvil sobre la cabeza, como si estuviese metido a tornillo, ha confiado a la mano y a los ojos todo el saludo.
¡La noble dignidad oriental de los turcos al encontrarse!… La mano, que parece hablar, desciende a la rodilla, y de allí se remonta al corazón, pasando luego a la frente, al mismo tiempo que el cuerpo se inclina con majestad y los ojos expresan el respeto y la alegría del encuentro, con un arte y una gracia que ningún europeo puede imitar.
De vez en cuando, entre esta muchedumbre que transcurre por el Gran Puente, se ven ojos negros de mirada inquietante, perfiles de aves de presa, sonrisas melosas que hacen llevar las manos a los bolsillos, gentes corteses que infunden pavor.
Constantinopla es el gran vertedero del continente. Aquí se ocultan y se pierden los más temibles aventureros. Turquía es un pan blando, en el que vienen a hincar el diente los lobos más temibles del mundo.
Esos turcos de aspecto inquietante, que sólo son turcos por el fez que llevan en la cabeza, inspiran miedo con sobrado motivo… Son europeos, y el europeo es lo peor de Turquía. "



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