La familia de Errotacho (fragmento)Pío Baroja

La familia de Errotacho (fragmento)

"Se acercaron al barrio de Vera. Quedaba todavía vago resplandor de la luna en las nubes tempestuosas; pasaban estas por el cielo llevadas por el viento, como atropellándose unas a otras. Era la noche negra, pesada, húmeda, de aire opaco e impenetrable. El cielo parecía de hule o de pez fundida, de sustancia líquida y espesa. Dos luces eléctricas resplandecían en el camino en medio de un halo luminoso. A mano derecha se extendía la muralla oscura de árboles; brillaban algunas ventanas del pueblo en las casas, envueltas entre la niebla; un arroyo próximo, crecido con las lluvias otoñales, murmuraba en medio de la noche con estruendo.
Al llegar a la carretera principal de Irún a Pamplona, tomaron los grupos a la izquierda, dejando el pueblo a la derecha, y siguieron la marcha.
Ahora, enfrente, comenzaban a verse las luces de la fábrica, las construcciones negras, con ventanales inundados por el resplandor de los hornos. Nubes de chispas salían por la chimenea.
Desde la puerta se destacaban siluetas oscuras sobre las llamas.
Se oían ruidos toscos de máquinas pesadas. Cruzaron por delante de los distintos pabellones y tejavanas de la fundición y entraron de nuevo en la oscuridad.
La pared de la fábrica se continuaba con una cerca de piedra. Desde allí, a mano derecha, se divisaba el río y resplandecían las aguas espumosas de la presa del Bidasoa.
Habían avanzado por la carretera más de un kilómetro, alejándose del pueblo en dirección de Pamplona.
Al borde del camino, limitando la fábrica y sus campos, enfrente del kilómetro 26, al final de la cerca, se levantaba una chabola con una máquina soplante.
Los sindicalistas, la mayoría poco acostumbrados a marchas largas, cansados por más de tres leguas de camino por el monte y de noche, se sentaron en la tapia y en el suelo a descansar y se pusieron algunos a comer y a beber. "



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