Hieron (fragmento) Jenofonte

Hieron (fragmento)

"Pues bien, siendo tan grande este tesoro, los tiranos se ven privados de él en mayor grado que nadie; y si quieres, ¡oh, Simónides!, comprobar que lo que digo es verdad, reflexiona sobre lo siguiente. No hay amor más auténtico, me parece a mí, que el que sienten los padres por los hijos, los hijos por los padres, los hermanos por los hermanos, las esposas por los maridos y los amigos por sus amigos. Pues bien, si quieres fijarte en ello, observarás que, mientras en los particulares se dan grandemente estos amores, hay, en cambio, muchos tiranos que han matado a sus hijos, y otros muchos que, al contrario, han sido víctimas de sus hijos, y muchos hermanos que se han dado muerte recíproca por una tiranía, y muchos tiranos que han perecido a manos de sus propias mujeres o de quienes parecían ser -sus mejores amigos. Ahora bien, los que son de tal modo aborrecidos por aquellos a quienes la naturaleza inclina y la ley obliga a amar, ¿cómo es posible que crean que pueden ser queridos por ninguna otra persona?
Por otra parte, aquel en quien se da en tan exiguo grado la confianza, ¿cómo no va a estar privado del mayor de los bienes? Porque ¿qué sociedad es deseable sin confianza mutua, qué trato de hombre y mujer resulta deleitoso sin confianza, qué servidor agrada cuando no se confía en él? Pues bien, de este hallarse confiado con respecto a otros participa el tirano menos que nadie, pues, por ejemplo, jamás se fía de sus comidas o bebidas, sino que, antes de ofrecer primicias de ellas a los dioses, mandan ante todo a los servidores que las prueben ellos, y esto porque sienten desconfianza, no vaya a haber algo malo en lo que coman o beban. En cuanto a la patria, ésta es lo más preciado que hay para los demás hombres, pues siendo ciudadanos se guardan los unos a los otros, sin pago de salario alguno, contra los esclavos, y se guardan también contra los malhechores, para que ninguno de los ciudadanos muera de muerte violenta; y tan lejos han llegado en esta policía, que muchas veces se ha hecho una ley para que no sea puro ni aun quien conviva con un asesino, con lo cual cada uno de los ciudadanos vive seguro gracias a su patria. En cambio, a los tiranos también en esto les ocurre lo contrario: que, en vez de vengar su muerte las ciudades, honran grandemente al que ha matado a un tirano, y en vez de excluirle de los lugares sacros, como a los asesinos de personas privadas, en vez de eso las ciudades llegan incluso a erigir en los templos estatuas de los que han hecho algo de esta índole. "



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