La rumba (fragmento)Ángel del Campo y Valle

La rumba (fragmento)

"La Rumba lloraba, ése era su flaco; de que le hablaban con cariño, se convertía en una paloma.
—Tú eres el que no me quieres, ya ves… te pedí… y no me mandaste y dijiste… (pucheros).
—Hijita, no tenía, por eso; pero… ¡sí, tienes razón! Pero mira, aquí te traigo, ¿me perdonas? Ya sabes que mi genio es así. Ríase, ande, ríase, no me ponga tan mala cara y deme un beso.
—Déjame, déjame…
Las puertas de palo se cerraron, la luz del quinqué se filtraba por las rendijas y salían de la vivienda de Cornichón el repiqueteo de platos y cubiertos, voces que dialogaban y una botella que se destapaba.
Remedios cruzaba algunas palabras con la cocinera.
—¿Y qué más te dijo don Mauricio?
—Nada más. ¡Ah! que quería venir pero que mañana se va a Toluca.
—Que no sepa nada el señor. Ya lo conoces. Es capaz de figurarse otra cosa y hacer una diablura. Trae los frijoles. ¿Están calientes? Y vente a levantar los trastes.
Reinó el silencio en aquella casa de vecindad; oíase sólo el rumor de los molinos de café y el de los platos que lavaban en las cocinas; uno que otro maullido de gato en las azoteas. Todo parecía reposar tranquilo bajo las alas del sueño. Pero allá, tarde, muy tarde, los vecinos despertaron sobresaltados por el estruendo de un disparo de revólver y el desesperado acento de una voz que gritaba: ¡Socorro!. "



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