Hay que quemar a Sade (fragmento)Simone de Beauvoir

Hay que quemar a Sade (fragmento)

"La sexualidad en Sade no depende de la biología: es un hecho social. Las orgías con las que se complace son casi siempre colectivas. En Marsella reclama dos chicas y es acompañado por su criado. En La Coste, organiza un serrallo. En sus novelas los libertinos forman verdaderas comunidades. La ventaja consiste primero en el número de combinaciones que se ofrecen de este modo a sus excesos. Pero esta socialización del erotismo tiene razones más profundas. En Marsella, Sade llama a su criado «Señor Marqués» y prefiere verlo «conocer» bajo su nombre a una chica antes que «conocerla» él mismo: la representación de la escena erótica tiene más interés para él que su experiencia vivida. En Las jornadas de Sodoma, las fantasías son primero narradas, antes de pasar a practicarlas: mediante este desdoblamiento el acto deviene un espectáculo considerado a distancia en el instante en que es ejecutado: De esta manera conserva la significación que sería oscurecida por un arrebato solitario y bestial, pues si el exceso coincidiese exactamente con sus gestos, y la víctima con sus emociones, libertad y conciencia se perderían en el extravío de la carne. Ésta no sería más que sufrimiento imbécil; aquélla, voluptuosidad convulsiva. Gracias a los testigos congregados alrededor se mantiene una presencia que ayuda al sujeto a permanecer él mismo presente. Él espera realizarse a través de representaciones, y para observarse hace falta ser observado; tiranizando a una víctima Sade se convierte en objeto para los que le miran, y a la inversa: contemplando las violencias que soporta la carne que él violenta, se recupera como sujeto en el seno de su pasividad; la confusión del para-sí y del para-otro se cumple. Los cómplices son particularmente necesarios para dotar a la sexualidad de una dimensión demoníaca; mediante ellos el acto cometido o sufrido reviste una forma segura en lugar de diluirse en momentos contingentes; al hacerse real, cualquier crimen se revela posible, común, uno se familiariza con él tan íntimamente que cuesta trabajo juzgarlo condenable. Para asombrarse, para espantarse, hace falta contemplarse desde lejos, a través de ojos ajenos. "


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