Novecento (fragmento)Alessandro Baricco

Novecento (fragmento)

"Tuvieron que pasar unos años, pero al final un día me armé de valor y se lo pregunté. Novecento, ¿por qué carajo no bajas una vez, aunque sólo sea una vez, por qué no vas a ver el mundo, con tus ojos, con tus propios ojos? ¿Por qué permaneces en esta prisión viajera?, podrías estar sobre tu Pont Neuf mirando las gabarras y todo lo demás, podrías hacer lo que quisieras, tocas el piano de fábula, enloquecerían por ti, ganarías un montón de dinero, y podrías escoger para ti la casa más bella que existe, incluso puedes construírtela en forma de barco, pasando de todo, la pondrías donde quisieras, a lo mejor en medio de los tigres, o en Bertham Street… ¡Dios Santo!, no puedes pasarte toda tu vida andando arriba y abajo como un idiota… Tú no eres idiota, tú eres grande, y el mundo está ahí, sólo hay que bajar esa jodida escalerilla, ya ves tú, cuatro estúpidos escalones, joder, ahí está todo, al final de esos escalones, todo. ¿Por qué no paras de una vez por todas y te bajas de aquí, al menos una vez, una sola vez?
Novecento… ¿Por qué no bajas?
¿Por qué?
¿Por qué?
Fue un verano, el verano de 1931, cuando subió al barco Jelly Roll Morton. Completamente vestido de blanco, incluso el sombrero. Y un diamante así en el dedo. Era un tipo que, cuando daba un concierto, escribía en los carteles: Esta noche Jelly Roll Morton, el inventor del jazz. No lo escribía porque sí, estaba convencido de ello: el inventor del jazz. Tocaba el piano. Siempre sentado un poco fuera del taburete, y con dos manos que eran mariposas. Ligerísimas. Había empezado en los burdeles de Nueva Orleans, y allí había aprendido a rozar las teclas y a acariciar notas: en el piso de arriba hacían el amor y no querían jaleo. Querían una música que se deslizara por detrás de las cortinas y por debajo de las camas sin molestar. Él tocaba esa clase de música. Y en eso, verdaderamente, era el mejor. "



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