El caballero de las botas azules (fragmento)Rosalía de Castro

El caballero de las botas azules (fragmento)

"En las novelas, las mujeres son siempre discretas y hermosas, hablan el lenguaje de las musas y escriben poco menos que Madame de Sévigné; pero si se desciende a la realidad de los hechos, esto no es siempre cierto y aun estamos tentados a decir que casi siempre es mentira.
Las mujeres hablan sencillamente el lenguaje de las mujeres, y apenas aciertan alguna vez a conversar, como dicen ciertos sabios, útil y razonablemente; mas a pesar de esto conservan incólume el indisputable mérito y el atractivo irresistible con que Dios bondadoso oculta sus imperfecciones y su debilidad más imperfecta todavía.
Feas o bonitas, las unas cargan sobre sus hombros la pesada cruz del matrimonio, viven las otras resignadas o alegres en el estado honesto propio de las almas recogidas y amantes del reposo; mas, si en verdad no son tan poéticas ni espirituales como se desearía, y su belleza física tiene por lo común defectos que pueden pasar por no vistos, si no son, en fin, tan perfectas ni escriben tan bien como las novelas cuentan no debe culpárselas a fe porque cumplan debidamente su misión haciendo hasta la muerte su papel de mujeres. Cosa es ésta digna de la mayor alabanza, cuando hay tantos hombres que ejecutan el suyo de la peor manera, dándose a divagaciones prohibidas a los entendimientos vulgares, puesto que nacieron para vivir modesta y honradamente, haciendo compás con el martillo o el azadón, al huso con que hila el blanco lino su buena esposa.
Por lo demás, cuando el amor, la vanidad o la pasión dicta una epístola a la mujer, allí va estampada la prueba más tristemente palpable de su común indiscreción. Ni el mismo talento la excluye muchas veces, en este punto, de rendir culto a su débil cuanto impresionable naturaleza, cuando latiéndole el corazón y con una nube de fuego en el pensamiento coge la pluma y escribe.
He aquí por qué ellos, al ver tal, exclaman en tono de protesta: «No la pluma en tu mano, mujer nacida para educar a mis hijos: la aguja y la rueca son tus armas».
Y tienen razón al hablar así. ¿Pero no han previsto que sus hijos tendrían dos madres? ¿Que la rueca caería en desuso y que la aguja quedaría relegada a las costureras? ¿En qué han de ocuparse entonces las mujeres? "



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