La infancia de Jesús (fragmento)J. M. Coetzee

La infancia de Jesús (fragmento)

"El niño y él están dando un paseo por el parque durante la primera de las excursiones aprobadas por Inés. La melancolía ha desaparecido de su corazón, sus pasos son más elásticos. Cuando está con el niño los años parecen quedar atrás.
—¿Y qué tal le va a Bolívar? —pregunta.
—Bolívar se escapó.
—¡Que se escapó! ¡Vaya una sorpresa! Pensaba que Bolívar os adoraba a ti y a Inés.
—A mí no. Sólo quiere a Inés.
—Pero se puede querer a más de una persona.
—Bolívar sólo quiere a Inés. Es su perro.
—Tú eres hijo de Inés, pero no la quieres sólo a ella. Me quieres a mí. Y a Diego y a Stefano. Y a Alvaro.
—No.
—Siento oírte decir eso. Así que Bolívar se ha marchado. ¿Dónde crees que ha podido ir?
—Volvió. Inés le dejó comida a la puerta de casa y volvió. Ahora no le deja salir.
—Estoy seguro de que extraña su nueva casa.
—Inés dice que es porque olfatea a las perras. Quiere aparearse con una perra.
—Sí, ése es uno de los inconvenientes de tener perros: que quieren aparearse con las perras. La naturaleza es así. Si los perros y las perras no quisieran aparearse no nacerían perritos y al cabo de un tiempo los perros desaparecerían. Así que tal vez sea mejor darle a Bolívar un poco de libertad. ¿Qué tal duermes tú? ¿Mejor? ¿Ya no tienes pesadillas?
—Soñé con el barco.
—¿Qué barco?
—El grande. Donde vimos al hombre de la gorra. El pirata.
—El piloto, no el pirata. ¿Qué soñaste?
—Que se hundía.
—¿Se hundía? ¿Y qué pasaba luego?
—No sé. No me acuerdo. Llegaban los peces.
—Bueno, yo te lo diré. Nos salvamos, tú y yo. Debimos de salvarnos, porque de lo contrario ¿cómo íbamos a estar aquí? Así que sólo fue una pesadilla. Además, los peces no se comen a la gente. Los peces son inofensivos. Son buenos. —Es hora de regresar. Se está poniendo el sol, empiezan a asomar las primeras estrellas. ¿Ves esas dos estrellas de ahí, donde estoy señalando, ésas tan brillantes? Son los Gemelos, se llaman así porque siempre están juntas. Y esa de allí, justo sobre el horizonte, un poco rojiza… es el Lucero del Alba, la primera estrella que aparece al ponerse el sol.
—¿Los gemelos son hermanos?
—Sí. He olvidado cómo se llaman, pero hace mucho tiempo fueron famosos, tanto que los convirtieron en estrellas. A lo mejor Inés lo recuerda. ¿Alguna vez te cuenta cuentos?
—Me cuenta cuentos al irme a dormir.
—Eso está bien. Cuando aprendas a leer no dependerás de Inés, ni de mí, ni de nadie. Podrás leer todos los cuentos del mundo.
—Sé leer, pero no quiero. Me gusta que Inés me cuente cuentos. "



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