Matías Sandorf (fragmento)Jules Verne

Matías Sandorf (fragmento)

"Hacía ya catorce años que Silas Toronthal había abandonado a Trieste para ir a establecerse en Ragusa en el magnífico hotel de la Stradone.
Dálmata de origen, nada más natural que pensase en volver a su país natal después de haberse retirado de los negocios.
El secreto de los traidores había sido bien guardado. El precio de su traición había sido religiosamente pagado. Por este hecho tomaron posesión de una fortuna el banquero de Trieste y su antiguo agente de Trípoli.
Después de la ejecución de los dos condenados en la fortaleza de Pisino, después de la fuga del conde Matías Sandorf, que había encontrado la muerte en las olas del Adriático, la sentencia se había completado con el embargo de sus bienes.
De la casa y una pequeña tierra perteneciente a Ladislao Zathmar, no había quedado nada, ni aun con que asegurar la existencia de su viejo servidor. De lo que poseía Esteban Bathory, nada tampoco, puesto que no teniendo fortuna, sólo vivía del producto de sus lecciones. Pero el castillo de Artenak y sus ricas dependencias las minas de los alrededores, los bosques de la falda septentrional de los Cárpatos, todo aquel dominio constituía una fortuna considerable al conde Matías Sandorf. De todos estos bienes se formaron dos lotes: el uno, sacado a pública subasta, sirvió para pagar a los delatores; el otro, secuestrado, debía ser restituido a la heredera del conde cuando llegase a la edad de dieciocho años. Si aquella niña moría antes de llegar a dicha edad, la parte reservada revertería al Estado.
Las dos cuartas partes entregadas a los denunciadores habían valido más de millón y medio de florines, de los que quedaban en libertad de hacer el uso que tuvieran por conveniente.
Desde luego los dos cómplices pensaron en separarse. Sarcany no tenía interés alguno en seguir al lado de Silas Toronthal. Éste no quería de ningún modo continuar sus relaciones con su antiguo agente. Sarcany, pues, abandonó a Trieste, seguido de Zirone, que no habiéndose separado de él en la mala fortuna, no era hombre capaz de abandonarle en la próspera. Ambos desaparecieron, y el banquero no volvió a oír hablar más de ellos. ¿Adónde habían ido? Sin duda a alguna gran ciudad de Europa, donde nadie piensa en inquietarse por el origen de las gentes, con tal que sean ricas, ni de la procedencia de su fortuna, con tal que sepan gastarla con esplendidez. "



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