El pirata (fragmento)Joseph Conrad

El pirata (fragmento)

"La primera sospecha de aquel sorprendente suceso le sobrevino a Peyrol cuando le vendó la cabeza a la luz de la lámpara humeante. Puesto que el sujeto aún vivía, Peyrol no tenía intención de acabar con él o dejarlo abandonado como a un perro. Se trataba, además, de un marino. El hecho de que fuera inglés no afectaba los mezclados sentimientos de Peyrol, en los que el odio no tenía lugar. De entre todos los miembros de la Hermandad, los ingleses eran sus favoritos, y había encontrado entre ellos ese afecto escrupuloso y leal que un francés de talento y carácter recibe de los ingleses antes que de otras nacionalidades. Hubo épocas en que Peyrol —sin intentarlo, pues no era un hombre ambicioso— se vio obligado a ejercer su jefatura, épocas que, de una u otra forma, fueron siempre de crisis. En esas circunstancias se apoyó siempre en los ingleses.
¡Así que aquel jovenzano había acabado en un buque de guerra inglés! Bueno, el hecho no tenía nada de imposible. Hay Hermanos de la Costa en todo tipo de barcos y en toda suerte de lugares. Peyrol encontró una vez a uno ejerciendo, como anciano y desventurado tullido, de mendigo en las escaleras de la catedral de Manila, y no tuvo inconveniente en aumentar la riqueza de su tesoro secreto mediante dos gruesas piezas de oro. Se decía que un Hermano de la Costa había llegado a mandarín en China, y Peyrol lo tenía por cierto. Nunca se sabía dónde o en qué posición podía encontrarse uno con un Hermano de la Costa. Lo curioso de éste es que se hubiera puesto tras sus pasos para ir a encontrarse con su porra. Lo más importante para Peyrol, a lo largo de toda aquella mañana de domingo, había sido ocultar la aventura al teniente Réal. La protección mutua, igual que contra todo el que llevase charreteras, constituía el principal deber entre Hermanos de la Costa. Y lo inesperado de aquel deber que se le hacía presente después de veinte años, le investía de una fuerza extraordinaria. Ignoraba lo que haría con aquel compañero, pero la situación había cambiado desde aquella mañana. El teniente había depositado su confianza en Peyrol, y aquello convertía la relación entre ambos en algo especial. Por eso se encontraba sumido Peyrol en profundas meditaciones."
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