Los caballitos de platiplanto (fragmento)J.J. Veiga

Los caballitos de platiplanto (fragmento)

"Tengo tanto que contar, pero me siento un tanto paralizado y mi voz no puede ser articulada con naturalidad. Siento que he perdido el control y que yo mismo soy víctima del tedio de mis propias palabras. Él posa su mirada sobre mí y puedo intuir que me está examinando, tratando de discernir si puede tratarme como un hermano o como a un extraño e imagino que sus dificultades al respecto no deben ser menores que las mías. Me pregunta si me hospedo en una casa grande con muchas habitaciones y, antes de responder abiertamente, procuro adivinar la causa de su pregunta. ¿Por qué me habla de la casa? ¿Y qué importancia tiene el número de habitaciones? ¿Suscitaré su envidia si le respondo afirmativamente? No. No tengo casa, hace ya mucho tiempo que me alojo en un hotel. Me contesta que debe ser fascinante poder vivir en un hotel y que cada vez que se queja de la comida su madre le conmina a ir a uno de esos establecimientos, donde puedan atender satisfactoriamente a todo ese tipo de demandas. De repente su fascinación se torna en alarma, al observar que si vivo en un hotel no me será posible tener una mascota que me haga compañía. Refiere una historia leída en un periódico acerca de un hombre que fue encarcelado justo por tener un perro en la habitación de su hotel. No me siento interpelado por tal prohibición. La conozco, pero nunca he pensado seriamente en tener un perro, ya que no aceptaría tácitamente que con frecuencia hago las maletas, al ser un perenne viajero. ¿Debía ser franco con él y causarle una aflicción que yo mismo no siento? Opto por confirmarle la prohibición y exagerar la vigilancia propia de los hoteles. Él suspira y afirma que jamás viviría en un hotel, ni siquiera de forma gratuita. "


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