Namiko (fragmento)Tokutomi Roka

Namiko (fragmento)

"Debido a las numerosas amistades del general, gran cantidad de personas acudieron al sepelio. Entre los asistentes a las exequias, se incluían no pocas antiguas compañeras de escuela de Namiko, que la despidieron entre sollozos. A los que conocían la triste historia se les desgarró el corazón al ver al general, roto por el dolor, junto al ataúd de su hija predilecta. Incluso los ajenos a lo ocurrido se emocionaron por la conmovedora escena en que Iku, fuera de sí de tanta pena, abrazaba el ataúd sollozando.
A pesar de que la estación de las flores había pasado, múltiples variedades de ellas fueron enviadas para la difunta joven. De todas, solo una corona que había traído un hombre de mediana edad fue devuelta. En ella había una tarjeta firmada con el nombre de «Los Kawashima».
[...]
Al oír ese nombre, una sonrisa irónica mezclada con el descontento apareció en el ancho rostro de la señora Kawashima. Desde que Toyoko había regresado a su casa paterna huyendo de la baronesa en otoño del año anterior, Yamaki había dejado automáticamente de visitarla. Mientras tanto, gracias a la guerra, había acumulado inmensas ganancias. Cualquier noticia sobre Yamaki le causaba disgusto a la señora Kawashima después del comportamiento que el comerciante había tenido con ella. Cada vez que sermoneaba a los sirvientes para que no se olvidaran de los favores recibidos en la vida, la baronesa en realidad aludía a Yamaki. Sin embargo, esta vez la señora Kawashima lo recibió por costumbre.
[...]
La mujer se secó los ojos con un pañuelo y siguió caminando sin responder a su hijo. El joven oficial, sin darse cuenta de la reacción de la señora, caminaba lentamente entre las tumbas y se detenía de vez en cuando a leer las inscripciones de las lápidas recientes. Finalmente llegó a un bloque de sepulturas donde crecían pinos y cerezos plantados. Abrió una pequeña puerta y entró en un mausoleo. Enfrente había una lápida antigua. Miró a su alrededor y se dirigió hacia una tumba nueva situada a un lado. Las ramas frondosas de un pino le daban sombra, y las hojas amarillas y rojas del cerezo caídas en el suelo la rodeaban. Había varias sotoba muy recientes que la protegían. La inscripción de la tabla aparecía escrita con claridad en tinta negra: «Tumba de Namiko Kataoka». El oficial, clavando la mirada en ella, permaneció inmóvil como una estatua durante varios minutos. "



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