Maria Schoning (fragmento)Alexander Pushkin

Maria Schoning (fragmento)

"No me podía imaginar que la muerte estuviera tan próxima. Últimamente se sentía mucho mejor, y el señor Költz tenía esperanzas de que mejorara completamente. El lunes incluso dio un paseo por nuestro jardín y llegó al pozo sin sentir ahogo. Al volver a casa tuvo unos escalofríos; lo acosté y corrí a buscar al señor Költz. No estaba en su casa. Cuando volví junto a mi padre le encontré dormido. Pensé que el sueño lo calmaría totalmente. El señor Költz llegó por la tarde. Examinó al enfermo y se quedó descontento con su estado. Le recetó una medicina nueva. Por la noche mi padre se despertó y pidió de comer, le di sopa; tomó una cucharada y no quiso más. Al día siguiente empezó a tener espasmos. El señor Költz no se apartaba de él. Hacia la noche dejó de tener dolores, pero estaba tan inquieto que no podía estar ni cinco minutos en la misma postura. Tenía que darle la vuelta constantemente… Hacia la mañana se tranquilizó y estuvo dormido unas dos horas. El señor Költz salió diciéndome que volvería un par de horas más tarde. De pronto mi padre se incorporó y me llamó. Me acerqué y le pregunté qué deseaba. Me dijo: «Maria ¿qué pasa, por qué está tan oscuro? Abre las contraventanas». Me asusté y le dije: «Padre ¿no ve usted… que están abiertas?». Empezó a buscar algo a su lado, me agarró de la mano y dijo: «¡Maria! Maria, estoy muy mal, me estoy muriendo… ven que te bendiga, rápido». Caí de rodillas y coloqué su mano sobre mi cabeza. Dijo: «Señor, ayúdala; Señor, la dejo en Tus manos». Se calló, de pronto su mano se hizo más pesada. Pensé que se había vuelto a dormir y durante unos minutos no me atrevía moverme. De repente entró el señor Költz, quitó su mano de mi cabeza y me dijo: «Ahora déjelo, vaya a su cuarto». Lo miré: mi padre yacía pálido e inmóvil. Todo había terminado. "


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