La sabiduría de los locos (fragmento)Lion Feuchtwanger

La sabiduría de los locos (fragmento)

"Pero cuando estuvo solo reflexionó. Cualquier demora suponía un peligro. Cada día, algún otro listo podía apoderarse de los papeles o también podía pasar que realmente cualquier necio aristócrata idealista le escupiera en la sopa. No le quedaba más remedio que hablar con la vieja. Al fin y al cabo, también a ella le parecía más inteligente entenderse con él.
Se presentó ante madame Levausseur cuando la supo a solas. Le pidió que hablaran sin tapujos de las cuestiones que había pendientes entre ellos. La vieja lo miró con sus ojos pequeños y duros.
—No sé de nada que tengamos pendiente —dijo—. Pero si creéis que podéis conseguir algo hablando, hacedlo.
—Con vuestra aguda visión, madame —expuso Nicolás—, estoy seguro de que ya os habréis dado cuenta de que entre vuestra señora hija y vuestro humilde servidor hay algo. Mi corazón siente cierta inclinación hacia madame Rousseau, fue, como suele decirse en estas tierras, como si hubiera sido tocado por un rayo, y me siento orgulloso y feliz de que mi insistente cortejo me haya permitido conseguir a vuestra señora hija.
—Soy una mujer vieja —contestó madame Levasseur—, y por desgracia ya no soy lo bastante fuerte como para daros la tremenda bofetada que os merecéis.
Nicolás sonrió amistoso.
—Desconocéis la situación, madame —repuso—. Infravaloráis la inclinación de vuestra señora hija por vuestro humilde servidor, y también infravaloráis mi tenacidad británica. No pretendo nada indecente, al contrario, quiero legalizar la relación entre madame Rousseau y yo. —Se levantó e hizo una reverencia—. Me siento honrado, madame —dijo—, de pedir la mano de vuestra señora hija.
La vieja dijo con sequedad:
—Mi hija está casada. No deberíais ignorarlo.
—Me obligáis, madame —dijo Nicolás—, a expresarme de un modo claro y grosero. Pues bien, en cada uno de mis caballos he sabido ver cuándo les había llegado el final, y os digo una cosa: el señor filósofo no vivirá mucho tiempo. Cuando alguien filosofa con tanta intensidad a lo largo de sesenta y seis años, se queda seco. Y aquí estoy yo. Como sucesor que tiene intenciones serias, me siento en la obligación de mantener, en el momento adecuado, es decir, ahora, un cambio de impresiones con mi futura señora madre política.
[...]
Pero el interés de madame Levasseur por aquel soñador de proyectos de labia fácil se había esfumado. Ese Nicolás no era su hijo François y no se sentía inclinada a compartir con él la posesión de Teresa. Pero se había dado perfecta cuenta del gran apego que la ninfómana de su Teresa le tenía, y el hombre era capaz de hacerle cualquier jugarreta. Podría robar los papeles de Jean-Jacques con la ayuda de Teresa o hacer algún disparate. Así que no debía irritarlo, no debía rechazarlo del todo.
De forma objetiva le hizo comprender que no era posible sacar provecho de los papeles a espaldas de Jean-Jacques. Antes de correr ningún riesgo, los compradores acudirían a preguntar a Jean-Jacques si estaba de acuerdo con el asunto; las declaraciones escritas, por bien hechas que estuvieran, no bastaban. Y como viera a Nicolás decepcionado y sombrío lo consoló. "



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