La muerte bebe en vaso largo (fragmento)Manuel Vicent

La muerte bebe en vaso largo (fragmento)

"Acostumbrados como estaban al azar de los naipes, los componentes de la timba creyeron todo cuanto les dijo Georgina acerca del tesoro que permanecía oculto en un sótano de la ciudad, y para ellos poseer la llave de oro o una de sus copias que pudiera abrir esa puerta secreta era igual que ligar una escalera de color. En realidad, la muerte súbita de Boro Salami en mitad de la partida de póquer había sido una jugada misteriosa, un envite lleno de imaginación que puso a los tahúres en la entrada de un laberinto de infinitas encrucijadas, pero al final de ese camino no había un montón de fichas barrido por la raqueta del crupier, sino un arca repleta de joyas medievales, monedas antiguas y otros arcanos tal vez de un valor ilimitado. El exportador de ventresca, ayudado por el perista, exploraba ahora el cadáver de Salami, que ya se había ablandado con el deshielo. Nada encontró en sus bolsillos, y aunque los dos a un tiempo comenzaron a palparle con rigor la barriga y otras partes duras, tampoco notaron que hubiera una resistencia de metal en el interior de su carne. El loro había dado una buena pista. La llave de oro estaba todavía dentro del brazo ortopédico pegada con esparadrapo y este artilugio del príncipe manco había sido arrojado por el camión de basura en el vertedero general de la ciudad.
De momento, los naipes se hallaban distribuidos de esta forma: una copia de la llave la tenía el asesino, Delio Cabrales, y éste permanecía en la cárcel. Otra era propiedad del mendigo Pitágoras, el cual andaba bajo los túneles inciertos del asfalto huyendo de sí mismo tras haber cometido el crimen. El original había que descubrirlo en el vertedero general de Vaciamadrid, donde la basura formaba un paisaje que se perdía de vista. "



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